OMPRESS-BARCELONA (12-03-19) Este domingo 10 de marzo tenía lugar en la Sagrada Familia de Barcelona el acto “Sent la Creu” (Siente la Cruz), con el que se convocaba a todos los jóvenes de la diócesis a comenzar la Cuaresma, este año en torno a la cruz de Camboya.

En el 2018, la cruz de Mosul, con el sufrimiento de los cristianos de Irak, fue la que presidió el comienzo de la Cuaresma en la archidiócesis catalana. Este año, ha sido la cruz de Camboya, con la presencia de Mons. Enrique Figaredo, prefecto apostólico de Battambang. El misionero jesuita ha acercado la situación de la Iglesia en Camboya y compartirá su testimonio con los asistentes a la Sagrada Familia, con la ayuda a los jóvenes afectados por los daños de las minas antipersona que, desgraciadamente, abundan en este país asiático. La cruz de Camboya representa a Cristo sin una pierna, recordando el mal que han hecho y hacen las minas antipersona. Es la cruz del Cristo mutilado.

Se invitaba a los jóvenes a comenzar un periodo de reflexión y penitencia que acabará con la llegada de la pascua. El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, presidió la celebración, acompañado de sus obispos auxiliares, y de Mons. Enrique Figaredo.

En su intervención, este misionero explicó el origen de las sillas Mekong. No solo unas sillas de madera, hechas por los mismos habitantes de Camboya, sino también una nueva oportunidad para reencontrar la ilusión perdida con el estallido de una bomba. Gracias a estas sillas de ruedas, los camboyanos pudieron volver a sonreír. Mons. Figaredo lleva 34 años como misionero, en un trabajo constante, un trabajo de 24 horas. La cruz de Camboya es una referencia directa al mal que han hecho las minas antipersona, explicaba el misionero jesuita: “Cristo mutilado nos habla de un Cristo roto por la falta de amor. También nos habla del sufrimiento humano y divino”. Se pone de relieve la pérdida como una oportunidad de vida y luz. Finalmente, todos los jóvenes asistentes han podido adorar esta cruz. Una adoración que ha servido para entregar sus pérdidas y, así, sanar sus heridas.