OMPRESS-ROMA (29-10-18) Los jóvenes han sido los protagonistas del sínodo que acaba de finalizar en Roma y lo son también del documento final. Títulos como “Ser jóvenes hoy”, “El don de la juventud”, “Un renovado impulso misionero”, junto a las decenas y decenas de referencias a la vida, los problemas y los sueños de los jóvenes, hablan de la frescura y vitalidad que se han vivido en la asamblea de este sínodo.

Aunque no se trata de un documento sobre la misión, la misión está presente como estribillo en una gran parte del texto porque la “misión no es un adorno que me puedo quitar”, porque “yo soy una misión sobre esta tierra”.

Con “La existencia bajo el signo de la misión”, en el documento se plantea a los jóvenes que piensen su propia vida en el horizonte de la misión: “Puedes preguntarte quién eres tú y pasar toda una vida buscando quién eres; pero pregúntate: ¿para qué soy yo?”. Son frases del Papa Francisco, que abren a los jóvenes al misterio de la vocación.

Misión y vocación van unidas, pero como recuerda el documento, “la misión es una brújula segura para el camino de la vida, pero no es un ‘navegador’, que muestra por adelantado todo el recorrido”. La libertad lleva siempre consigo “una dimensión de riesgo”.

Pero, se advierte, “no es posible comprender en plenitud el significado de la vocación bautismal si no se considera que esta es para todos, sin excluir a nadie, una llamada a la santidad”. Una llamada que es una “invitación a participar en la misión de la Iglesia”. Las vocaciones eclesiales, en su multiplicidad, expresan “la misión de testimoniar el evento de Jesús, en el que todo hombre y toda mujer encuentran la salvación”.

Es aquí donde el documento plantea como un ejemplo de esta misión, la de tantos “consagrados y consagradas que cuidan de los últimos en las periferias del mundo”, y la de tantos laicos que comparten su espíritu y su misión a su lado.

La “sinodalidad” de que tanto ha hablado el Papa Francisco se recoge en este documento final del sínodo también como una petición de los jóvenes. Los jóvenes han expresado “el deseo de implicarse, ser apreciados y sentirse coprotagonistas de la vida y de la misión de la Iglesia”. “Sinodalidad”, ir juntos, pasar del yo, al nosotros en la Iglesia, caminar junto a nuestros hermanos, porque la “vida sinodal de la Iglesia está esencialmente orientada a la misión”. Esto marca un “estilo para la misión”, que es en diálogo, que es caminar juntos “hacia las periferias del mundo”.

Los obispos concluyen en el documento que ha sido conmovedor “contemplar y meditar durante el Sínodo la valentía de tantos jóvenes que han renunciado a su vida con tal de mantenerse fieles al Evangelio”. La santidad de los jóvenes, su testimonio y su compromiso, “pueden curar las heridas de la Iglesia y del mundo”.

 

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