OMPRESS-MALI (13-02-19) Dos años lleva secuestrada la hermana Gloria Cecilia Narváez. El 7 de febrero de 2017 varios hombres armados se la llevaban de la residencia de las Franciscanas de María Inmaculada de Karangasso, en Mali. En las nueve parroquias de esta diócesis de Mali, se celebraban la semana pasada vigilias de oración para pedir por su liberación y en recuerdo de esta misionera colombiana. También desde su país natal, la Conferencia Episcopal ha hecho un llamamiento por su pronta liberación.

El misionero navarro Fernando Javier Sanzberro contó hace dos años cómo ocurrieron los hechos: “El martes pasado, 7 de febrero, a las 21 horas, se presentaron 5 hombres armados en la residencia de las franciscanas de María Inmaculada de Karangasso, en Mali. Uno llevaba un hacha y los otros fusiles; decían ser yihadistas. Se llevaron la ambulancia del dispensario y los ordenadores y de las cuatro religiosas se llevaron a la responsable, la hermana Gloria Cecilia Narváez, que llevaba seis años en la parroquia, trabajando en la formación y promoción de la mujer. Al cabo de unos cinco kilómetros abandonaron la ambulancia y el material para seguir en motos por los abundantes senderos, pensamos, hacia la frontera de Burkina Faso, que se encuentra a pocos kilómetros. Poco tiempo antes, el 15 de diciembre, habían atacado Boura (115 Km. de Karangasso), matando tres gendarmes pero sin atacar a la parroquia. Las autoridades competentes están haciendo pesquisas, dicen haber arrestado dos sospechosos. Esperamos que todo termine bien pero a nosotros no nos queda más que el rezar en comunión con todos los que sufren de esta situación”. El secuestro fue reivindicado por una rama de Al-Qaeda establecida en Mali. En este tiempo, sus secuestradores divulgaron un vídeo en el que aparecía la hermana pidiendo al Papa Francisco que intercediera por su liberación. El gobierno colombiano confirmó que los secuestradores habían pedido un rescate por su liberación.

La hermana Gloria era la superiora de un grupo de tres misioneras colombianas y una de Burkina Faso. Las religiosas trabajaban en un hogar de niños huérfanos y llevaban adelante desde clases de alfabetización, sobre todo de mujeres, hasta un centro de salud. La hermana Gloria, cuando fue secuestrada, llevaba ya seis años en África, seis en Benín y seis en Mali.

 

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