OMPRESS-CAMBOYA (13-11-20) Yiyei Hym (abuela Hym) fue la primera cristiana de la comunidad de Kohroca, en Camboya. Falleció de coronavirus este pasado 19 de marzo, día de San José, el “patrón de la buena muerte”, a los 74 años, tras una vida tachonada de pequeños actos de amor. Su historia la cuenta Mons. Antonysamy Susairaj, miembro de las Misiones Extranjeras de París y prefecto emérito de Kompong-Cham, una de las tres circunscripciones de la Iglesia en Camboya.

Hym tuvo cinco hijos, aunque el alcoholismo de su marido y el hecho de que la golpeara, la llevaron a tener que separarse de él. Además, padecía tuberculosis. Fue en 1989 cuando esta sencilla mujer viajó a Phnom Penh, la capital del país, con la esperanza de encontrar un tratamiento que curar su tuberculosis. Una amiga que conocía allí y su hijo la llevaron al hogar de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. La curaron los cuidados que le prodigaron las hermanas, y su gratitud llevó a Hym a emprender el camino hacia la fe y la vida cristiana. Al volver en 1992 a su pueblo, a Kohroca, comenzó el catecumenado para lo que acudía a la Iglesia de Kompong Cham, y veía al padre Gerald, a las hermanas Xavier y Pélagie y a la catequista Mom, que la guiaron en esta preparación al bautismo. Poco a poco, en Kohroca, Hym reunió a un grupo de personas a su alrededor, que a su vez se convirtieron en catecúmenos. Estos fueron los inicios de la dinámica comunidad cristiana de Kohroca, impulsada por el entusiasmo, el dinamismo y la sencillez de Yiyei Hym. El ejemplo de vida de Hym se puede ver en una de sus hijas, Dana, que es la responsable del seguimiento de los enfermos atendidos por la prefectura de Kompong Cham, que en su mayoría viven en pueblos aislados.

El padre Susairaj recuerda que, durante los últimos meses de su vida, Yiyei Hym, cuya tuberculosis le había dejado secuelas, tenía muchísimas dificultades para respirar. Acordaron celebrar misa en su casa una vez por semana. Pacientemente, ofrecía su dolor a Dios. Cuando recibía la Comunión, solía susurrar: “Señor, gracias por la fe cristiana. Ahora estoy lista para acudir a Ti”. La situación en marzo en Camboya, como en tantos otros países, no permitió que la comunidad cristiana de Kohroca pudiera acudir a su funeral, y su entierro se llevó a cabo con muy pocas personas. Sin embargo, se esperaba que aquellos que lo desearan pudieran orar en la casa de Yiyei Hym durante siete días tras su muerte. Además, siguiendo la costumbre local, junto a su tumba se celebró Misa en su memoria al tercer y al centésimo día después de su muerte. La labor que han estado haciendo en Kompong Cham los cristianos y las religiosas de la prefectura para afrontar la pandemia ha tenido siempre muy presente a Yiyei Hym. “No hay duda de que el espíritu de servicio y el ejemplo de caridad que mostró Yiyei Hym continuarán inspirándonos en nuestro trabajo pastoral y ¡ella seguirá orando por nosotros!”.