OMPRESS-GHANA (16-11-20) Cuando tenía cuatro años Sarah, que aún no había logrado hablar, fue considerada culpable de la muerte de quince habitantes de su aldea, fallecidos por causas desconocidas. Su vida corría peligro, pero las hermanas del Hogar de Nazaret de Yendi, la acogieron para salvarla. Debido a su impedimento en el habla – con cuatro años aún no había articulado una palabra – algunos en su comunidad creyeron que Sarah era una “niña espiritual”, de acuerdo con las costumbres locales que asocian la discapacidad con los espíritus malignos. Muchos de esos miembros de la comunidad, incluida la propia familia de Sarah, se enfurecieron por su incapacidad o falta de voluntad para hablar, echándola y amenazando con matarla.

Afortunadamente, la hermana Stan Therese Mumuni y la Iglesia local se dieron cuenta del peligro inminente en el que estaba Sarah. La hermana Stan recuerda haber luchado, casi físicamente, para salvar a Sarah del destino más terrible y darle una nueva oportunidad en la vida. La hermana Stan dirige el Hogar Nazaret para los Niños de Dios en la diócesis de Yendi en Ghana. Su misión es rescatar a niños como Sarah que han sido rechazados o están en peligro en su propia familia o comunidad. Actualmente, la hermana Stan cuida a 78 niños, desde unas pocas semanas hasta los 18 años.

Gracias a la educación que se dispensa sobre los orígenes de las discapacidades, que cada vez llega a más comunidades en Ghana, es menos probable que se repitan historias como la de Sarah. Aún así, los niños con discapacidad continúan sufriendo discriminación, rechazo y falta de oportunidades en este país de África y, a menudo, no tienen a dónde acudir. Solo a través del boca a boca y la diligencia de los miembros de la comunidad local, la hermana Stan puede intervenir y rescatar a niños indefensos si se encuentran en peligro inmediato de muerte.

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera, con la colaboración de tantos niños y fieles del mundo, ayuda todo lo que puede al Hogar de Nazaret para los Niños de Dios de Yendi. Es un refugio en el que niños de todas las edades son amados y cuidados incondicionalmente. La hermana Stan ha dedicado la última década a administrar este hogar, brindando a estos niños alimento, atención médica y educación. La hermana Stan se asegura que los niños reciban una educación de calidad para que algún día puedan obtener un empleo y mantenerse por sí mismos. Su sueño es que algún día regresen a su comunidad de origen y muestren cómo el amor y el apoyo de la Iglesia les ha dado la oportunidad de desarrollar y alcanzar sus metas.