OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (26-01-18) Las manifestaciones del pasado domingo 21, en Kinshasa y otras poblaciones de la República Democrática del Congo, dieron como resultado seis muertos por los disparos de las fuerzas de seguridad, y más de 150 heridos. La Conferencia Episcopal del Congo ha condenado la represión y el arzobispo de Kinshasa, el cardenal Laurent Monsengwo, ha hecho público un mensaje ante esta “represión sangrante”.

Ha recordado a los fallecidos en las manifestaciones del 31 de diciembre, cuya valentía ha alabado. Ante el anuncio de la policía congoleña de que se respetarían los derechos humanos, el cardenal decía en su mensaje: “¿Qué hemos visto? El día anterior, el 20 de enero, se erigieron barreras para registrar los vehículos y verificar la identidad de los pasajeros. ¿Estamos en una prisión a cielo abierto? ¿Cómo se puede matar a hombres, a mujeres, a niños, a jóvenes y ancianos que cantan cánticos religiosos y llevan Biblias, rosarios y crucifijos? ¿Qué es lo que queremos? El poder por el poder o el poder para el desarrollo integral de las personas, en paz, justicia y verdad. Queremos que reine la fuerza de la ley y no la ley de la fuerza”.

La Iglesia, con el apoyo del mismo Papa Francisco, había intentado mediar en la crisis política que atraviesa el país. El presidente Kabila terminó su segundo mandato presidencial el 20 de diciembre de 2016, negándose a convocar elecciones, puesto que la constitución congoleña le prohíbe concurrir a un tercer mandato. Las manifestaciones que se han producido en el último año pretenden unas elecciones libres, que el gobierno en su momento aceptó para el próximo diciembre. Esto pondría fin a una presidencia en funciones que ya dura más de un año y que está llevando al país, el más grande de África, a un callejón sin salida.

El cardenal Monsengwo terminaba su mensaje dirigiéndose a los fieles: “En cuanto a nosotros, cristianos católicos, sin ceder a la violencia, permanezcamos firmes en la fe, actuemos siempre por amor al prójimo y vivamos en la alegre esperanza de que el Señor no nos abandone”.