OMPRESS-VENEZUELA (3-03-21) El padre jesuita Javier Duplá escribe unas líneas desde el país sudamericano sobre la terrible situación que atraviesa y la labor que la Iglesia lleva a cabo, como una luz de esperanza, a todos los niveles.

“Venezuela está afectada de una doble pandemia: la del virus covid-19 y la de la dictadura destructora. En la historia del país hubo otras dictaduras, como la de Juan Vicente Gómez (1908-1935) y la de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), pero ninguna tan nefasta como la actual. No sólo las carreteras y los edificios públicos, sino las instituciones no funcionan. PDVSA, la petrolera nacional, llegó a producir 3 millones 200 mil barriles diarios y ahora no llega a medio millón. En las fincas agrícolas expropiadas por Chávez se ha reducido en un 70% la producción de alimentos, que ahora deben ser importados, pero que no puede pagar el 80% de la población. Hay hambre, desnutrición de los pequeños, falta de medicinas, pésimos servicios públicos. Como dice Gustavo Coronel, ‘pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad un colapso tan trágico como el que ha sufrido la riqueza material y la dignidad de una sociedad, como en la Venezuela en las manos de Chávez y de Maduro durante estos últimos 21 años’ (Gustavo Coronel, Maduro y su pandilla, 26 febrero 2021).

En ese túnel oscuro la Iglesia ha encendido una luz junto con otras organizaciones. La Conferencia Episcopal Venezolana ha clamado a voz en grito para denunciar esta situación perversa que destruye el país. Sus comunicados son muy claros, sus reclamos al gobierno, contundentes. Los obispos ‘acompañando e interpretando el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, volvemos a insistir que el país necesita un cambio radical en la conducción política, lo cual requiere por parte del gobierno, la suficiente entereza, racionalidad y sentimiento de amor al país para detener el sufrimiento del pueblo venezolano’, decían en su asamblea en enero pasado. Pero al gobierno no le importa la gente, sino mantenerse en el poder por la fuerza, la represión y el temor.

Caritas y las organizaciones parroquiales y educativas están haciendo mucho por aliviar tanto sufrimiento. Roberto Patiño y su movimiento ‘Alimenta la solidaridad’, desde mediados del año 2016, consiste en un plan de alimentación para ayudar a niños de diversos sectores de bajos recursos de Caracas, que presentan un cuadro crítico de desnutrición debido a la crisis alimentaria del país.

Fe y Alegría tiene en Venezuela 177 escuelas donde más de 5.000 maestros enseñan a más de 100.000 niños y adolescentes. En muchas de ellas se les da desayuno y almuerzo para que puedan atender a las clases y no desmayarse, como ya ha ocurrido muchas veces. Otro ejemplo de trabajo comunitario lo lleva adelante la Organización Social Católica San Ignacio, que sostiene dos escuelas de educación informal en el barrio caraqueño de Petare, sostenidas económicamente por los padres de los alumnos del San Ignacio. Allí se da nivelación a los alumnos que abandonaron la escuela primaria y se les capacita en algún oficio. Los PP. Salesianos dirigen también instituciones educativas para gente humilde, donde se les enseñan oficios y se les alimenta. Lo mismo hacen otras congregaciones religiosas como Santa Ana, los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los Maristas, etc. Sin ese aporte de la Iglesia a los pobres de los barrios y caseríos, el país retornaría al gran analfabetismo de hace 100 años, porque la educación oficial está por los suelos. Cuadro oscuro, túnel sin aparente final. Hay que pedirle a Dios con insistencia para que esta situación acabe”.