OMPRESS-ROMA (20-12-17) Este lunes el Papa Francisco recibía en audiencia al cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante esta Audiencia, el Santo Padre autorizaba la promulgación de los decretos relativos a diversas causas de beatificación. Son decretos en los que se reconocen milagros, el martirio o las virtudes heroicas.

Uno de los decretos relativos a estas virtudes heroicas tiene que ver con el misionero Alonso Barzana, sacerdote de la Compañía de Jesús, nacido en 1530 en Belinchón, Cuenca, y fallecido en la ciudad de Cuzco, en Perú, el 31 de diciembre de 1597.

Se trata de uno de los primeros misioneros jesuitas que llegaron a Perú y lo que dejó impresionados a los que le conocieron fue su dominio y conocimiento de, al menos, once lenguas indígenas, de las que además escribió tratados y diccionarios – entonces llamados vocabularios. La primera misa que celebró en Lima, el 8 de noviembre de 1569, ya predicó en quechua, dejando a todos admirados. La lengua la había aprendido en el viaje desde que saliera en marzo de Sevilla ese mismo año.

Antes de ser jesuita, el padre Barzana había sido discípulo de San Juan de Ávila, el patrono del clero español, el apóstol de Andalucía, con el que estuvo predicando 10 años. Tras ser aceptado en la Compañía de Jesús, pidió al padre general – el también santo Francisco de Borja – que le permitiera ser misionero. Aunque llegó con 38 años a la misión, dedicó el resto de su vida, casi treinta años, a una labor incansable de evangelización, siempre con la ayuda de su facilidad con los idiomas. Evangelizó en Arequipa y Potosí, en quechua. En aymara en la zona del lago Titicaca, en Chucuito y en La Paz. Su aprendizaje del puquina, chiriguano, una variante del guaraní, del tonocoté y del kakán, le permitió dejar apuntes que usaron los misioneros que le siguieron. Su vida misionera estuvo ligada a los actuales Perú, Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina. Las obras del padre Barzana nunca se imprimieron. En cambio, es muy probable que hayan servido de base a las traducciones al quechua y aymara del primer catecismo trilingüe que se imprimió en Lima.

Tres años antes de su muerte, en febrero de 1594, escribía desde Asunción, Paraguay, a su provincial el padre Juan Sebastián. Le decía que, aunque estudiaba la lengua guaraní cada día y sabía más preceptos de ella que de ninguna otra de las que estudiaba, no acertaría a pronunciarla bien en toda su vida.