OMPRESS-TANZANIA (12-02-18) La celebración de los 150 años del inicio de la evangelización de Tanzania se celebrará en el lugar al que llegaron los primeros misioneros. Eran misioneros espiritanos. Esta congregación, los Misioneros del Espíritu Santo, siguen presentes en Tanzania un siglo y medio después. El lugar al que llegaron se llama Bagamoyo, en aquel entonces uno de los puertos más importantes del este de África.

La celebración, para la que se está preparando toda la comunidad cristiana, tendrá lugar en el mes de octubre, el mes de las misiones. Tendrá como tema “El 150 Jubileo de la Evangelización: La Alegría del Evangelio”. Una mención clara a Evangelii Gaudium, la exhortación apostólica del Papa Francisco.

El arzobispo emérito de Arusha, Mons. Josaphat Lebulu, decía que las celebraciones del jubileo tendrán lugar en Bagamoyo simplemente porque es un lugar de reflexión de la fe, como punto de entrada del cristianismo en la zona oriental de África y fuente de esperanza para los tanzanos, que fueron torturados como esclavos para ser llevados a través del Océano Índico.

“Celebramos la gran labor hecha por los misioneros que vinieron a Tanzania, a Bagamoyo, en 1868. Instalaron la Santa Cruz, un símbolo de redención de la esclavitud, un símbolo de fe para nosotros”, decía Mons. Lebulu a la Asociación de Conferencias Episcopales del Este de África. Bagamoyo fue la puerta para “exportar” esclavos africanos, una puerta del comercio de esclavos. La misma puerta, señalaba el obispo, que se convirtió en puerta de entrada de la Palabra de Dios, de la luz, de la paz, la esperanza y el amor y el comienzo de la expansión del cristianismo en África oriental.

Es el momento, decía, de que la Iglesia católica en Tanzania eleve oraciones a Dios y dé gracias por la gran labor hecha por los misioneros que se sacrificaron en la evangelización, que tocaron las necesidades humanas básicas y fundamentales de la educación, la salud, el bienestar y el desarrollo humano integral. No vinieron como mercaderes o inversores. Estaban interesados en el desarrollo físico y espiritual, por eso, sus servicio se dirigieron más a la gente que vivía en las zonas rurales.

Los padres del Espíritu Santo, los espiritanos, llegaron a la isla de Zanzíbar en 1863, liderados por el padre Antoine Horner. Sufrieron una fuerte oposición de los musulmanes por lo que cruzaron la franja de mar que los separaba del continente, poco más de treinta kilómetros, y llegaron a Bagamoyo en 1868. Aquí levantaron aldeas libres para que los esclavos se refugiasen.

En estas aldeas recibían y enseñaban a los esclavos liberados de los comerciantes árabes, y también a los barcos ingleses, dedicados a liberar esclavos, que se los traían. Desde Bagamoyo, con la ayuda de los catequistas que prepararon en estas aldeas libres, los misioneros viajaron a la región este del Monte Kilimanjaro, a Moshi.

Aquellos esclavos exiliados fueron los primeros catequistas. Ayudaron a evangelizar las provincias tanzanas de Zanzíbar, Morogoro, Moshi, Tanga, Same, Kondoa, Arusha, Dodoma y zonas de Mbulu, entre otras.

A la gente de Bagamoyo le resultó difícil aceptar el Evangelio por los que los misioneros, que eran holandeses, se trasladaron a la ciudad de Morogoro. Bagamoyo se quedó durante mucho tiempo sin servicio pastoral ni celebraciones eucarísticas. Esto llevó a un crecimiento muy lento de la Iglesia en Bagamoyo, hasta 1992, cuando el primer sacerdote africano se asentó definitivamente en la localidad. Se trataba del padre Valentine Bayo, africano sí, pero también espiritano, como los primeros misioneros. Este misionero, heredero de sus compañeros de congregación, levantó tres parroquias, desarrolló instituciones de salud, educación y servicios sociales y hoy hay hasta una universidad.