OMPRESS-MADRID (21-12-18) De cara al Jornada de los Catequistas Nativos, que se celebra el próximo día 6 de enero, Fiesta de la Epifanía, la Iglesia nos recuerda la importancia para la evangelización de estas mujeres y hombres que llegan a sus hermanos desde su propia tradición y cultura. Son creadores de comunidad y pilares esenciales de las Iglesias en los territorios de misión.

Este año nos llega el testimonio fresco de una catequista de un pueblo llamado Fundación en la Republica Dominicana, su nombre es María Laracuende. “un joven catequista me invitó a que le ayudase a impartir una catequesis experiencial”, recuerda María. “En la segunda oportunidad algo me empujaba y volví, y me sentí muy bien. Me dijeron que había que prepararse y hacer talleres y así empecé a participar; de eso hace ya cinco años”.

Maria Laracuende se sintió corresponsable de la evangelización de su propia gente y se comprometió como catequista. Un signo de madurez de esa Iglesia local Dominicana que se hace misionera entre su propia gente como una etapa inicial, sin perder nunca del horizonte la misión en otros pueblos que no es el suyo propio. Motivo de gran esperanza y alegría es el ver multiplicarse en el mundo, esta misma actitud en el compromiso evangelizador: entienden su propia responsabilidad en el anuncio del Evangelio como bautizados, han encontrado el “tesoro escondido” (Mt 13,44) y lo comparten como prenda de la promoción de un mundo mejor.

La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que va al corazón mismo de la Iglesia. Por eso toda la Iglesia y cada iglesia son enviadas a todos los pueblos de la tierra. Este mandato misionero sigue siendo una prioridad absoluta de todo bautizado.