OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (9-06-20) La tasa de infección por coronavirus de la nación Navajo ha superado a la de Nueva York, es la realidad que vive Catholic Extension, la misión católica que ha estado con ellos desde 1905. La nación Navajo abarca parte de varios Estados norteamericanos, Arizona, Nuevo México y Utah y con menos de 200.000 personas ha sufrido seis millares de casos confirmados de covid-19.

En 1905 se creó Catholic Extension, una organización misionera que buscaba llegar a todos los católicos aislados en pequeñas comunidades de todo Estados Unidos, cuando casi no había iglesias, pero los fieles anhelaban los sacramentos, que se les llevaban en carretas, a caballo, con pequeños puestos misioneros. Creada por un joven sacerdote, el padre Francis Clement Kelley, desde sus inicios ha estado presente junto a católicos y no católicos de la nación Navajo.

La hermana Theresa Chato, de la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en el corazón de la reserva Navajo, ya tenía bastante trabajo antes de que toda la región sufriera uno de los bloqueos más estrictos de todo el país, informaba la publicación católica estadounidense Crux. Su parroquia en Chinle, Arizona, cuenta con unos 800 feligreses. Muchos de ellos viven juntos en viviendas que acogen a varias generaciones, y que carecen de agua corriente y dependen del gas en lugar de la electricidad. Es una zona en donde el desempleo ya antes de la pandemia alcanzaba el 70 por ciento.

El banco de alimentos de la parroquia era un lugar popular antes de todo esto, pero ahora la hermana Theresa estima que están alimentando a 400 familias a través de un programa de distribución muy eficiente que hace repartos cada dos semanas. Explicaba a Crux que todo funciona con eficiencia, con voluntarios que preparan lo que cada familia necesita, y luego la comida se recoge y se coloca en el maletero del vehículo sin tener contacto físico con la persona que recoge los suministros. Además de la inseguridad alimentaria, en colaboración con el consejo local, que gestiona la administración y los asuntos de la comunidad, también distribuyen gas propano natural y proporcionan heno para los caballos, las vacas y las ovejas.

Aunque los gobernadores de Arizona y Nuevo México han permitido que se reanuden los servicios religiosos en sus Estados, las misas y otros sacramentos siguen suspendidos en la reserva debido a las tasas de infección tan altas que han sufrido. La presencia de la Iglesia, a pesar de las circunstancias, explica la religoisa, se siente con fuerza, con una cultura de encuentro y acompañamiento. Junto a esta nación india también trabaja el padre Pat McGuire, un sacerdote misionero escocés, que lleva tres parroquias en Nuevo México, dos de la cuales se encuentran en los territorios Navajo, en Chichiltah y en Ramah. El sacerdote contaba a Crux que los últimos tres meses han sido “desalentadores”, guiando a una comunidad generalmente unida a través de la realidad del distanciamiento social. La mayoría de la gente obtenía sus modestos ingresos de joyas hechas a mano o cerámica, pero ahora no hay nadie que compre sus productos. La Iglesia a pesar de todo ha estado a su lado.

Desde Catholic Extension, que atiende a 15 parroquias y misoines pobres que se extienden por toda la región de la nación Navajo – del tamaño de Virginia Occidental -, explican que la situación es dura. No sólo es el desempleo, la diabetes afecta a muchas personas, los hogares no tienen agua corriente y la adicción a las drogas y al alcohol están al orden del día; hay muchísima pobreza. Esperan que la atención mediática que ha atraído la pandemia sobre esta comunidad india no se quede en nada y vuelvan al olvido. Los misioneros no los abandonarán, no lo han hecho nunca.