OMPRESS-NÍGER (2-09-20) El padre Mauro Armanino, Misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, explica la situación del Sahel, tras el último golpe de Estado en la zona, que, en esta ocasión tuvo lugar en Mali. Fue el 19 de agosto y según este misionero italiano, el golpe pone de manifiesto ante el mundo la situación de inestabilidad y pobreza de esta zona de África. Además, añade, que todo el cinturón del Sahel, desde Senegal hasta Níger, desde Burkina Faso hasta Chad, es víctima de una política predatoria que agrava el sufrimiento de las poblaciones.

En palabras del misionero, cuyo testimonio publica la revista “Popoli e Missione”, de las Obras Misionales Pontificias, el golpe militar en Mali, con la deposición no violenta del actual presidente Ibrahim Boubacar Keita (elegido tras el golpe de 2012), “era algo de esperar y no sorprendió a quienes viven en el Sahel desde hace algún tiempo”. Este “golpe soft” parece más una “derrota de lo que no se ha logrado en estos ocho años”, que una liberación. El misionero lo cuenta todo por teléfono desde Niamey, la capital de Níger.

“La inestabilidad de Mali es atribuible a la extrema fragilidad de todo el cinturón del Sahel – desde Chad a Burkina Faso a Níger -, rehén de las políticas internas represivas y de las fuerzas militares internacionales, sobre todo Francia y Estados Unidos, que tienen sus tropas en el desierto”. Todo se suma contra estas gentes: la profunda crisis económica, la presencia de grupos yihadistas, la inestabilidad de las instituciones, la corrupción… “La sociedad civil y una parte de los militares (el Comité Nacional para la Salvación del Pueblo) estaban realmente cansados del presidente en el cargo. Basta pensar que en Mali, aparte de la capital Bamako, todo el resto del territorio nacional vive en total anarquía”.

Mali forma parte del grupo de países africanos encerrados en el cinturón desértico del Sahel, donde los golpes de Estado se suceden y la militarización de las fronteras es la norma. El padre Mauro Armanino dice que “en el Sahel el epifenómeno más evidente es el de la ausencia del Estado”, entendido como bienestar, es decir, salud, educación, buen gobierno… Esto “ha contribuido a la presencia de numerosos grupos armados”. El resultado es que las poblaciones de Malí, Níger, Burkina, Costa de Marfil y Chad “ya no viven una vida digna, atrapadas entre la represión interna, la fragilidad económica y la ocupación militar extranjera” de estos países.

“Ahora hay mucha intolerancia hacia Francia, tanto en Níger como en Mali. La gente se considera que está bajo ocupación militar y Europa ha movido sus fronteras hasta aquí, al Sahel”. Francia está presente desde 2013 con la operación militar denominada “Barkhane”, destinada inicialmente a contrarrestar a los grupos yihadistas vinculados a al-Qaeda. “Pero las otras dimensiones de la inestabilidad en el Sahel no se pueden pasar por alto en absoluto”, dice el padre Armanino, “como son el interés extranjero en las materias primas, el comercio de armas que es desenfrenado en todo el Sahel alimentando a las guerrillas y una crisis demográfica que ya no se puede contener”. En definitiva, un polvorín en el desierto, donde el aumento de la pobreza, el desempleo, la negación de todos los derechos humanos, van acompañados del control internacional y la militarización.

“En Níger – concluye el misionero – estamos viviendo una etapa muy difícil, a la espera de las elecciones, complicada también por la presencia de más de 400 mil refugiados que llegaron desde Mali, Nigeria y, más recientemente, también de Libia, ya que Níger es considerado un país seguro para quienes huyen de Libia. En cambio, es un país que no logra recuperarse y cuya prioridad sigue siendo la lucha por la supervivencia. Níger se tiene en pie sólo gracias a las ayudas internacionales, pero tienen necesidad de que se pusiese marcha la economía, la política, la vida”.