OMPRESS-ROMA (8-02-21) En su intervención en el ángelus de ayer domingo, el Papa recordaba que “cuidar de los enfermos de todo tipo forma parte integrante de la misión de la Iglesia, como lo era de la de Jesús”, y la realidad de la pandemia hace más actual “esta misión esencial de la Iglesia”.

El Papa comentaba el Evangelio del domingo, con la sanación de la suegra de Pedro, la primera sanación física contada por el evangelista Marcos, y cómo “La fiebre la dejó y ella se puso a servirles”. El poder sanador de Jesús “no encuentra ninguna resistencia; y la persona sanada retoma su vida normal, pensando enseguida en los otros y no en sí misma, y esto es significativo, ¡es signo de verdadera salud!”. Pero es que desde el principio, “Jesús muestra su predilección por las personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu: es una predilección de Jesús acercarse a las personas que sufren tanto en el cuerpo como en el espíritu. Es la predilección del Padre, que Él encarna y manifiesta con obras y palabras”.

De ahí que “cuidar de los enfermos de todo tipo no es para la Iglesia una ‘actividad opcional’. ¡No! No es algo accesorio, no. Cuidar de los enfermos de todo tipo forma parte integrante de la misión de la Iglesia, como lo era de la de Jesús. Y esta misión es llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente. Nos lo recordará dentro de pocos días, el 11 de febrero, la Jornada Mundial del Enfermo. La realidad que estamos viviendo en todo el mundo a causa de la pandemia hace particularmente actual este mensaje, esta misión esencial de la Iglesia”.

Ante la fragilidad humana, sin embargo, apunta el Papa Francisco, “siempre surge en el corazón la pregunta: ¿por qué?”. Jesús “no responde a este porqué con una explicación, sino con una presencia de amor que se inclina, que toma de la mano y hace levantarse, como hizo con la suegra de Pedro. Inclinarse para hacer que el otro se levante. No olvidemos que la única forma lícita de mirar a una persona de arriba hacia abajo es cuando tú tiendes la mano para ayudarla a levantarse. La única. Y esta es la misión que Jesús ha encomendado a la Iglesia”. Al inclinarse, “manifiesta su Señorío en la cercanía, en la ternura y en la compasión. Cercanía, ternura, compasión son el estilo de Dios. Dios se hace cercano y se hace cercano con ternura y con compasión”.

“Cuántas veces en el Evangelio leemos”, recuerda el Papa, “delante de un problema de salud o cualquier problema: ‘tuvo compasión’. La compasión de Jesús, la cercanía de Dios en Jesús es el estilo de Dios. El Evangelio de hoy nos recuerda también que esta compasión tiene sus raíces en la íntima relación con el Padre. ¿Por qué? Antes del alba y después del anochecer, Jesús se apartaba y permanecía solo para rezar. De allí sacaba la fuerza para cumplir su ministerio, predicando y sanando”.