OMPRESS-ROMA (30-11-20) El Papa Francisco creaba 13 nuevos cardenales el pasado sábado y advertía a los nuevos purpurados ante la tentación de ver su nueva misión como una “distinción” en vez de ser, cada uno de ellos, “el pastor cercano al pueblo”.

El texto evangélico que se leyó al inicio del consistorio fue el relato de Marcos del camino a Jerusalén. El Papa, comentando el Evangelio, presenta este texto como una “hoja de ruta para nosotros que estamos hoy en camino con Jesús, que va delante de nosotros. Él es la fuerza y el sentido de nuestra vida y de nuestro ministerio”. Los discípulos tenían miedo, porque lo que les esperaba en Jerusalén lo intuían, “es más, lo sabían, porque Jesús ya les había hablado abiertamente en otras ocasiones”. Es el tercer anuncio de su pasión, muerte y resurrección.

“Queridos hermanos: Todos nosotros queremos a Jesús, todos deseamos seguirlo”, decía el Papa Francisco a los cardenales, “pero tenemos que estar siempre vigilantes para permanecer en su camino. Porque con los pies, con el cuerpo podemos estar con Él, pero nuestro corazón puede estar lejos y llevarnos fuera del camino. Pensemos en los muchos tipos de corrupción en la vida sacerdotal. Así, por ejemplo, el rojo púrpura del hábito cardenalicio, que es el color de la sangre, se puede convertir, por el espíritu mundano, en el de una distinción eminente. Y tú ya no serás el pastor cercano al pueblo, sentirás que eres sólo ‘la eminencia’. Cuando sientas esto, estarás fuera del camino”.

Y, dice el Papa, “sólo el Señor, en realidad, puede salvar a sus amigos desorientados y con el riesgo de perderse; sólo su cruz y su resurrección. Por ellos y por todos, Él subió a Jerusalén. Por ellos y por todos, entregó su cuerpo y derramó su sangre. Por ellos y por todos, resucitó de entre los muertos, y con el don del Espíritu los perdonó y los transformó. Finalmente, los orientó para que lo siguieran en su camino”. Porque, concluía, “conversión es justamente esto: desde fuera del camino, volver al camino de Dios”.