OMPRESS-MADRID (18-02-19) La hermana Magdalena Ribas parte nuevo a la misión. Esta vez a Togo. Con este motivo, Magdalena escribe en el blog de las misioneras Combonianas, https://misionerascombonianasdemadrid.blogspot.com/, un texto “Misión: ser y amar”, de despedida alegre y reflexión sobre lo que es ser misionera:

“Ahora que me marcho a mi nueva misión en Lomé (Togo) siento una gran ilusión y una gran alegría. Me parece que es imposible que haya cumplido 70 años y que esté a punto de empezar una nueva aventura desde cero, en un país nuevo, en un lugar desconocido… Pero al mismo tiempo esta incógnita y este desafío me renuevan, me dan ilusión y me hacen vibrar pensando que en el mañana puedo aún dar algo a los que tienen menos que yo.

Yo he trabajado toda mi vida en Chad, y soñaba con regresar allí, estaría mintiendo si dijese lo contrario. En el Chad me sentía como un pez en el agua, conocía el ambiente, el trabajo, las personas. Tengo muy buenas amistades allí. Ciertamente en el Chad la misión era muy dura. Siempre trabajé en el campo sanitario y sabemos que allí eso significa trabajar las 24 horas del día y muy a menudo con urgencias.

Ahora este cambio supone un empezar de nuevo, un cambio radical en todo: ambiente, gente, cultura, amistades, pero esto, que para algunos sería un freno, no le quita valor a la ilusión que tengo por dentro. Creo que esto me permitirá hacer una misión diferente, serena, nueva, un poco más sosegada. A una cierta edad ya no se puede correr tanto ni realizar tantas urgencias como antes, hay que moderar un poco. Tengo ganas de vivir la misión en un modo más tranquilo, sosegado, que sea un compartir con la gente. Más que hacer será un estar, un ser… ser alguien con ellos, una más, caminar y recorrer un camino juntos. Compartir lo que sé, lo que he recibido y ponerlo al servicio de ellos si lo necesitan. Y si no lo necesitan pues simplemente acompañar, estar con ellos.

En los años vividos en España he trabajado con las hermanas mayores y ha sido un trabajo grande. Cuando yo llegué había tres personas que necesitaban asistencia y en este momento son casi una docena. Yo creo que las hermanas me han querido mucho y yo las he querido tanto o más aún. Y lo que puedo decir es que no me he reservado en nada. Eso sí, he hecho todo lo que yo he sabido para que la realidad de cada una mejorara lo más rápidamente posible buscando que la situación fuera lo más confortable para ella según el estado en que estaba y en el momento en que estaba. Veo que al final el balance de mi servicio ha sido muy positivo y me siento feliz de haber podido ayudar a las hermanas. No me arrepiento en absoluto de haber dedicado unos años al servicio de las hermanas que han dado la vida por la misión, aunque reconozco que la espera para regresar a la misión se hizo realmente un poco larga. ¡Ya no veía el momento de regresar!

A aquellos que me decían ‘pero bueno, ahora a los 70 años vas a empezar otra cosa’, les he dicho que lo más importante es no sentirse viejos, no pensar que a los 70 años una ya está acabada. Me siento mayor, soy consciente de ello… lo soy. Pero el Señor no mira la edad, sino que mira el corazón, la ilusión, las ganas de seguirle… y en eso, en ilusión, en fuerza, en entusiasmo me siento como si fuera la primera vez que me voy a la misión, la primera vez que le digo SÍ al Señor”.