OMPRESS-ROMA (16-03-20) El pasado viernes se cumplían siete años desde la llegada al Pontificado del Papa Francisco. En medio de la pandemia del coronavirus, ayer por la tarde el Papa se acercaba a la Basílica de Santa María la Mayor para rezar a la Virgen, Salus populi Romani. Es ante este antiguo icono del siglo VI, ante el que ora antes de salir y al volver de los viajes internacionales. Después se ha dirigido a pie hasta la Iglesia de San Marcello al Corso, donde se encuentra el crucifijo milagroso que, en 1522, fue llevado en procesión por los barrios de la ciudad para que acabara con la “Gran Peste” de Roma. Ha orado por el fin de la pandemia, por los familiares de las personas afectadas y sus amigos para que encuentren consuelo en esta terrible situación, así como por el personal sanitario.

A mediodía en el rezo del Ángelus, el Papa renovaba su cercanía “a todos los enfermos y a quienes les curan. Como también a tantos agentes sanitarios y voluntarios que ayudan a las personas que no pueden salir de casa, y a cuantos salen al paso de las necesidades de los más pobres y de los sin techo”.

Además, recordaba que, “en esta situación de pandemia, en la que nos encontramos viviendo más o menos aislados, estamos invitados a redescubrir y profundizar el valor de la comunión que une a todos los miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo nunca estamos solos, sino que formamos un único Cuerpo, del que Él es la Cabeza. Es una unión que se alimenta con la oración, y también con la comunión espiritual en la Eucaristía, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento. Esto lo digo para todos, especialmente para las personas que viven solas”.

El Vaticano anunciaba que las celebraciones de Semana Santa de este año van a tener lugar sin la presencia de los fieles. Las ceremonias se transmitirán a través de internet, como se está haciendo todos los días con las Misas del Papa en Santa Marta.