OMPRESS-ROMA (26-02-21) El Programa Mundial de Alimentos acaba de publicar un informe que evalúa la situación del acceso de niños y niñas a las comidas escolares en todo el mundo. No es el único problema que amenaza al primero de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”. El Papa Francisco lo recordaba hace una semana: “Por desgracia, y las estadísticas así lo señalan, hay todavía muchas personas, entre las que no podemos olvidar los niños, que no pueden acceder a los recursos más básicos y carecen de alimentos sanos y suficientes. El hambre no deja de fustigar con su mortal flagelo muchas regiones de la tierra, situación que ha venido a exacerbarse por la crisis sanitaria que estamos padeciendo”.

El informe del Programa Mundial de Alimentos explica que uno de cada dos escolares, o 388 millones de niños y niñas en todo el mundo, recibía comidas escolares cuando se produjo la pandemia, el número más alto en la historia. Y en abril de 2020, 199 países habían cerrado sus escuelas y 370 millones de niños se vieron privados repentinamente de lo que para muchos era su única comida nutritiva del día. Los cierres pusieron de relieve el papel fundamental que desempeña la alimentación escolar en el apoyo a los niños más vulnerables y la protección de su futuro. Por ello, se pide, como una de las conclusiones de este informe, una acción global para que la cobertura vuelva a los niveles anteriores a la pandemia y se amplíe aún más, hasta llegar a unos 73 millones de niños vulnerables, que ni siquiera antes de la pandemia tenían acceso a estas comidas.

Los estudios han demostrado que en la vida de un niño o niña de una familia pobre, las comidas escolares pueden tener un gran impacto. Evitan el hambre, apoyan la salud a largo plazo y ayudan al niño y a la niña a aprender y prosperar, puesto que en no pocos casos muchos menores acuden a las escuelas por la alimentación. Esto es especialmente cierto para las niñas: en los lugares donde hay un programa de comidas escolares, las niñas permanecen más tiempo en la escuela, las tasas de matrimonio infantil disminuyen y los embarazos de adolescentes disminuyen.

Cuando utilizan alimentos producidos localmente, los programas de alimentación escolar también pueden impulsar la economía de una comunidad. Crean una demanda de alimentos más diversos y nutritivos y crean mercados estables, apoyando la agricultura local y fortaleciendo los sistemas alimentarios locales. Además se crean puestos de trabajo, unos 1.668 por cada 100.000 escolares alimentados.