La Pascua es el acontecimiento central en la vida del cristiano y de la Iglesia. La celebración del misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesús nos introduce en el amor universal de Dios por todos sus hijos. Éste es el fundamento más firme para la misión de la Iglesia, que no es otra que extender este amor hasta los confines de la tierra. Esta etapa del itinerario “La misión, brújula para los jóvenes” que editamos como preparación para el Mes Misionero Extraordinario está dedicada a la necesidad de comunicar el evangelio a todos los hombres y pueblos por el mundo entero y a que haya personas que se dediquen a ello, los misioneros.

Después del colapso del colonialismo afirmaba Benedicto XV en la Maximum illud con contundencia: “La Iglesia de Dios es católica y propia de todos los pueblos y naciones”; Francisco -en la carta de convocatoria del Mes Misionero Extraordinario- comenta a continuación como el Pontífice exhortaba “también a rechazar cualquier forma de búsqueda de un interés, ya que solo el anuncio y la caridad del Señor Jesús, que se difunden con la santidad de vida y las buenas obras, son la única razón de la misión”.

  1. Crecemos en la amistad con Jesucristo

El IV domingo de Pascua se celebra conjuntamente la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas; con este motivo se ha elaborado un guion para una vigilia de oración con el lema común de ambas: “Di sí al sueño de Dios”. Este tiempo de Pascua nos invita a tener una mirada universal, a abrir el corazón a las necesidades de la Iglesia y del mundo; la oración por las vocaciones nos ayuda a llevarlas en el corazón.

  1. Escuchamos el testimonio de los misioneros y misioneras

El vídeo “Di sí al sueño de Dios” nos invita a reflexionar sobre la presencia de Dios en nuestra vida; su presencia es activa: invita al diálogo y a la respuesta generosa, al “sí” comprometido, al amor que cambia el mundo y es el sueño de Dios.

  1. Reflexionamos el texto para nuestra formación

“El misterio de Cristo y su ministerio terreno se han desarrollado en una doble oblación: el don de su vida al Padre, de quien recibió su misión, y el don de su vida a sus hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios, que él ha querido reunir en una única familia. Al llevar a cabo esta misión, el modus operandi de Jesús, antes y después de Pascua, se diferencia y se completa. En el período prepascual, la misión que Jesús confió a sus discípulos parecía limitada en el tiempo y en el espacio (cf Mt 10,1-16); en el período postpascual, por el contrario, hay una universalización y globalización de la misión (cf Mt 28,16-20). Esto realza el carácter central y fontal del misterio pascual en la misión como acción de Dios y don-responsabilidad de la Iglesia”. “La Pascua de Jesucristo, fundamento de la misión”, en: Bautizados y enviados: La Iglesia de Cristo en misión en el mundo.

  1. Nos comprometemos con la misión

“Quiero recordar que no hace falta recorrer un largo camino para que los jóvenes sean misioneros. […] Si sabemos escuchar lo que nos está diciendo el Espíritu, no podemos ignorar que la pastoral juvenil debe ser siempre una pastoral misionera. […] Las misiones juveniles, que suelen organizarse en las vacaciones luego de un período de preparación, pueden provocar una renovación de la experiencia de fe e incluso serios planteos vocacionales. Pero los jóvenes son capaces de crear nuevas formas de misión, en los ámbitos más diversos. Por ejemplo, ya que se mueven tan bien en las redes sociales, hay que convocarlos para que las llenen de Dios, de fraternidad, de compromiso”. Francisco, Exhortación apostólica Christus vivit, 239-241

 

Oración del Mes Misionero Extraordinario

Padre nuestro,

tu Hijo Unigénito Jesucristo

resucitado de entre los muertos

encomendó a sus discípulos el mandato de

«id y haced discípulos a todas las gentes».

Tú nos recuerdas que a través de nuestro bautismo

somos partícipes de la misión de la Iglesia.

Por los dones de tu Santo Espíritu, concédenos la gracia

de ser testigos del Evangelio,

valientes y tenaces,

para que la misión encomendada a la Iglesia,

que aún está lejos de ser completada,

pueda encontrar manifestaciones nuevas y eficaces

que traigan vida y luz al mundo.

Ayúdanos a hacer que todos los pueblos

puedan experimentar el amor salvífico

y la misericordia de Jesucristo,

Él que es Dios y vive y reina contigo,

en la unidad del Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos.

Amén