OMPRESS-FRANCIA (11-02-21) “Rosa soulieana”, así se llama la planta, descubierta y descrita por primera vez por el padre Jean-André Soulié (1858-1905), misionero de las Misiones Extranjeras de París, médico, botánico y mártir en el Tibet. En los 20 años que pasó en China y el Tibet, el padre Soulié identificó y clasificó más de 7.000 especies de plantas, lo que lo convierte en uno de los taxónomos – la persona que, para la ciencia, identifica, clasifica y nombra objetos de origen biológico – más grande de todos los tiempos. De estas 7.000 especies, la “Rosa soulieana” lleva su nombre, y otra se la dedicó a su compañero de misión, que moriría mártir con él, el padre Mussot, una genciana, la “Swertia mussoti”. Su “rosa” es un arbusto de flores blancas, cuyas ramas tienen espinas.

Todo lo enviaba al Museo de Historia Natural de París. Además gracias a sus anotaciones geográficas y de rutas poco conocidas, fue condecorado – le enviaron la medalla de plata al Tibet – en 1904 por la Sociedad Geográfica de París. Nacido en 1858 en el sur de Francia, en la localidad de St-Juéry, a finales del año pasado aparecía su biografía en francés “Un missionnaire botaniste martyr au Tibet: Jean-André Soulié (1858-1905)”, escrita por el historiador y antiguo alcalde de su pueblo natal, Christian Font, que revela la increíble aventura de este misionero atípico.

El joven Jean-André se había preparado en su diócesis para ser sacerdote, pero ya ordenado diácono, pidió entrar en el Seminario de Misiones Extranjeras de París, donde fue ordenado sacerdote y del que partió como misionero con destino al Tibet en octubre de 1885. El obispo de Tatsienlou, hoy Kangding en chino, y Darzêdo en tibetano, acogió a los misioneros con los brazos abiertos. Su primer lugar de misión fue Bathang, a 200 kilómetros al norte de la actual Myanmar, en 1891 pasa a Cha-pa, después Tse-kou, remontando el gran río Yangtsé, y finalmente, en 1896, Yaregong. Aún así se mueve en un vasto territorio ubicado entre tres de los ríos más importantes de Asia, que nacen allí en el Tibet, el Salween que desemboca en Myanmar, el Mekong, el más importante de Vietnam, y el ya referido Yang-Tsé.

Durante todos estos años de misión no deja de enviar informes a las Misiones Extranjeras de París. No es el primer misionero en llegar al Tibet, un compatriota suyo, el padre Huc llegó a Potala, la capital en 1846, pero ahora la situación es más complicada. El Tibet está en crisis. Es una teocracia marcada por el feudalismo y la presión de las potencias coloniales y de la misma China se hace sentir. Se quiebra un orden social feudal y un control religioso que ha durado siglos. Todo acentúa el rechazo a la presencia europea. La iglesita del padre Soulié es apedreada regularmente y a pesar de que cura a todo el mundo gratuitamente, incluso vacunando contra la viruela, y de haber adquirido fama de ser un gran médico, la situación se complica. Tampoco ayuda que liberen a algunos tibetanos de servidumbres por deudas que pasaban de padres a hijos, ni que acogieran a niños en orfanatos. En 1905 se desata la persecución y es apresado por un grupo de lamas. Tras doces días de torturas era ejecutado el 14 de abril.