OMPRESS-REPÚBLICA CENTROAFRICANA (05-06-19) Según informa la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, SIR, el misionero carmelita Federico Trinchero ha descrito la situación de la República Centroafricana, donde lleva ya 10 años como misionero, como difícil: “El 75% del país está bajo el control de grupos armados”. Desde el monasterio del Carmelo de Bangui, el padre Federico cuenta que siguen las masacres de civiles, las represalias, los asesinatos.

“Desde que comenzó, hace seis años, la guerra ha cambiado. Ya no hay un enfrentamiento entre dos padres, los Seleka y los anti-Balaka. Son muchos los pequeños grupos armados que llevan adelante represalias y venganzas. Es un goteo continuo. Los acuerdos de pan no han sido eficaces y el Estado no es capaz de garantizar la seguridad”, explicaba al SIR.

Su monasterio está en la periferia de la capital, en un terreno agrícola de 130 hectáreas. Este monasterio carmelita de Bangui se hizo famoso durante la visita del Papa Francisco a la República Centroafricana, en el 2015, con la apertura del Jubileo de la Misericordia, por haber acogido a más de 10.000 refugiados. Los carmelitas en estos años han convivido con el sufrimiento y las estrecheces de los que no tienen nada, y la misión, además de sus actividades apostólicas y formativas, ha puesto en marcha proyectos para ayudar a todas las personas que huyen del conflicto. Entre estos últimos ha tenido gran éxito un proyecto de producción de ladrillos que ha convertido a muchos antiguos refugiados en trabajadores y albañiles. Todo con el principio de que “quien trabaja no hace la guerra”.

En Bangui, explica el misionero, “la vida transcurre tranquilamente pero es sólo una ilusión óptica”. La última masacre, con decenas de civiles brutalmente asesinados, tuvo lugar hace una semana en dos aldeas en la frontera con el Chad. Los milicianos de uno de los grupos que firmaron los acuerdos de paz en febrero de este año, reunieron a los habitantes de las dos aldeas y luego han abierto fuego indiscriminadamente. “Para nosotros resulta difícil entender las razones que hay detrás de estos ataques”, señala el padre Trinchero. “Quizás venganzas, quizás la voluntad de mandar en las zonas donde están las minas”.

Siguen también los asesinatos de sacerdotes y religiosas. Dos sacerdotes, junto a unos ochenta civiles fueron asesinados el 15 de noviembre en Alindao, a 500 km de Bangui. No hace tanto era asesinada la misionera española Blanca Nieves Sancho. A pesar de la guerra y de la presencia de 650.000 refugiados – sobre 4,5 millones de habitantes – el misionero cree que en el país “hay mucha esperanza. Aquí hay un capital humano enorme, los jóvenes tienen ganas de hacer cosas”.