OMPRESS-TÁNGER (26-04-19) Desde el Carmelo de Tánger, en Marruecos, escribe la hermana María del Carmen del Verbo Divino. Esta carmelita comparte los “momentos más significativos que hemos vivido en comunidad y con nuestros hermanos de Marruecos durante la providencial visita de Nuestro querido Santo Padre el Papa Francisco.

“Antes de su llegada”, cuenta esta religiosa de clausura, “cada día nos íbamos informando a través de las noticias y también a través de la Madre sobre todos los preparativos para su llegada, también nosotras lo hicimos por medio de la oración, también preparándole 50 cajitas decoradas con unas ricas galletas hechas en casa con mucho cariño y detalle las cuales fueron enviadas a su Santidad que por cierto agradeció muchísimo este lindo detalle de nuestra parte”.

Recuerda cómo el 30 de marzo, cuando llegó el Papa a Rabat, se reunieron en comunidad para ver por internet la acogida en la explanada “Hassan” y el encuentro con los Migrantes en la sede de Caritas diocesana y las palabras del Papa sobre los inmigrantes: “¡Qué desierta e inhóspita se vuelve una ciudad cuando pierde la capacidad de compasión. Una sociedad sin corazón…una madre estéril. Vosotros no estáis marginados, estáis en el centro del corazón de la Iglesia”.

El día 31 de marzo, las hermanas salieron tempranísimo del monasterio con todo hacia la catedral del Espíritu Santo, de Tánger: “Allí nos esperaba el bus donde íbamos 40 peregrinos entre religiosos y laicos hacia Rabat salimos a las 4.30 am con todo listo: Documentos de identificación, tickets para la entrada para el encuentro con los religiosos y para la Eucaristía y como no podía faltar unos ricos sándwiches y demás… para ir endulzando el viaje hacia Rabat era como si nos conociéramos de siempre unos con otros como una familia”. Pudieron así compartir este día con el hermano trapense Jean Pierre único superviviente de los mártires de Tibhirine. A las 10.30 am comenzó el encuentro con el Papa. La hermana María del Carmen recuerda que le impactó la frase del Papa: “Cuando la Iglesia, fiel a la misión recibida del Señor, entabla un diálogo con el mundo y se hace coloquio, contribuye a la llegada de la fraternidad, que tiene su fuente profunda no en nosotros, sino en la Paternidad de Dios”.

A las hermanas carmelitas les pidieron tras el encuentro que se colocaran en la entrada de la catedral porque el Papa tenía especial interés en saludarlas. Les preguntó su “nacionalidad, si teníamos vocaciones, preguntó con humor si entre nosotras también nos peleábamos, también le hicimos algunas peticiones, de verdad fue muy sencillo y gracioso con muy buen sentido del humor. Refleja la alegría y la paz de Dios. Lo sentimos muy cercano, muy hermano, muy padre, quedamos muy comprometidas a permanecer unidas en la oración y al final nos impartió la bendición a todas, nos obsequió a cada una con un rosario y, también un detalle hermoso, les envío también un rosario y un saludo muy especial a nuestras tres hermanas que se quedaron en casa que por motivos de salud”.

Luego estuvieron presentes en la celebración Eucarística en el complejo deportivo “Príncipe Moulay Abdellah”. La hermana cuenta que “cada momento de la Eucaristía se vivió en desbordante alegría y fervor” y destaca “la presencia de nuestros hermanos de otras religiones en la Santa Misa entre ellos musulmanes”.

Recuerda finalmente que “fuimos una presencia Católica pequeña y minoritaria como el pequeño resto de Israel pero eso si llena de entusiasmo, una Iglesia viva y llena de Fe, esperanza y Amor para testimoniar más que con nuestras palabras con nuestro testimonio que Jesús esta en medio de nosotros acompañándonos y animándonos a seguir extendiendo su Reino de Justicia y paz”.