OMPRESS-MADRID (13-05-19) Robertus Kardi es un misionero javeriano indonesio que acaba de llegar a España para trabajar en la animación misionera. En este texto narra cómo nació su vocación. Lleva tres meses en España y está estudiando ahora la lengua de Cervantes para poder animar a otros a vivir la vocación y la misión:

“Nací el 7 de noviembre de 1988. Soy el tercero de cuatro hermanos. Nací y crecí en una familia católica. Vengo de Flores, es una de las 17.000 islas de Indonesia, que es el país con la mayor población musulmana del mundo. Indonesia tiene seis religiones oficiales, a saber islam, catolicismo, protestantismo, hinduismo, budismo, y confucianismo. Como todos los indonesios, aprendí todas estas religiones en el colegio. También me sentí afortunado de poder vivir juntos, con amigos de varias religiones en la vida cotidiana. Viviendo en esa realidad, me ayudó a ver que la fe en Jesucristo es algo más. Él es mi salvador que está siempre conmigo, aunque a menudo no puedo ver su presencia. Yo encontré solo en Él todo lo auténticamente verdadero, bueno y justo.

Reconocí la llamada de Dios en mí por medio de una realidad y experiencia. Cuando era pequeño, había una buena costumbre en mi familia, a saber, rezar juntos todos los días, sobre todo por la noche antes de ir a dormir. Mi padre, que era catequista, nos pedía siempre que hiciéramos la señal de cruz y rezar el Ave María cuando nos levantamos por la mañana. Y casi todos los domingos íbamos juntos a celebrar la misa o solamente la liturgia de la palabra cuando no había sacerdote. Gracias a mis padres, que desde siempre me han animado a enamorarme de Jesús y, también, me influyeron mucho para ofrecerme totalmente a Dios como misionero religioso.

Tuve una experiencia muy significativa que influyó en mi elección para ser sacerdote cuando era pequeño. Vivía bastante lejos de la iglesia parroquial, allí había un gran número de fieles. Y como había solo un cura en la parroquia, no todos los domingos lo teníamos para celebrar la misa. Un día, hubo una experiencia interesante. El párroco quiso visitarnos para la confesión y la misa. Pero ese día él llegó muy tarde (llegó dos horas después del horario previsto). Los fieles estaban decepcionados por su retraso, incluyendo mis padres. Yo que tenía más o menos seis años pregunté a mi madre: ¿por qué tenemos que esperar al sacerdote para celebrar la misa? ¿Por qué uno de los catequistas no puede presidir la misa? Me contestó mi madre: la misa es presidida solo por el sacerdote, los catequistas no pueden presidir la misa. Le respondí: Entonces quiero ser sacerdote para celebrar misa. Y así fue como el Señor me reveló su voluntad. Ahora cada vez que presido la misa, me acuerdo siempre de esa experiencia.

Al principio, mi deseo de ser sacerdote encontró dificultades con el consentimiento de mis padres, sobretodo de mi madre. Le pedí varias veces que me dejase entrar al seminario menor, pero no me lo permitió. No sabía exactamente cuál era su razón. Entonces, hubo un tiempo, durante la escuela secundaria, en que comencé a pensar en ser enfermero o profesor de educación secundaria. Tenía muchos otros sueños que quería realizar en mi vida. Sin embargo, el plan de Dios era diferente de mi plan personal. Quería tener todo para ser feliz y libre. En cambio, para el Señor, si quieres ser auténticamente libre y feliz, tienes que darlo todo, hasta el don de ti mismo.

Esto fue evidente cuando al final, antes de terminar la escuela secundaria, mi madre me permitió entrar con los Misioneros Javerianos. Me dijo, si esta es la llamada de Dios para ti, responde bien y sé feliz. Así fue como Dios me guió para ser misionero también a través de mi madre.

¿Por qué los Misioneros Javerianos? Es que en Flores, de donde yo vengo, no estaban y, aún no están los Javerianos. Conocí los Javerianos por medio de un Javeriano italiano, el padre Rodolfo Ciroi. Él me presentó a los Javerianos que son misioneros religiosos que, donando toda su vida a Cristo y a su Iglesia, van por todo el mundo para anunciar a Jesucristo a quien todavía no lo conoce. Incluso, él también dijo que hay mucha gente que odia a Jesús porque no lo conocen bien. Para mí era difícil pensar en esa gente, porque rechazar a Jesús es como rechazar todo lo que es auténticamente verdadero, bueno y justo. ¿Cómo se puede vivir o realizar bien la vida sin estos elementos o sin Jesús? Por eso, decidí entrar con los Javerianos por este motivo, para anunciar a Jesús a quien aún no lo conoce; también porque mis abuelos conocieron a Jesús gracias a los misioneros.

Entré con los Misioneros Javerianos en 2007 en Yogyakarta, y en 2010 hice la primera profesión. Luego estudié la filosofía hasta 2014 en Yakarta. Los estudios teológicos los hice en Parma, Italia, desde 2014 hasta 2018. El 29 de Junio de 2018 fui ordenado sacerdote en Indonesia.

Para mí, ser misionero javeriano es el don más grande que el Señor me ha dado. Jesús me hace digno de participar a su misión como javeriano. Siento una alegría profunda en mi corazón. Creo que la fuente de esta alegría es mi oración cotidiana. Por supuesto que hay también muchas dificultades, pero en Jesús y con Él puedo afrontarlas bien. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, como dice san Pablo.

Todos, con el bautismo, estamos llamados a hacer parte de esta misión de Jesús. Dios no pide mucho, Él lo pide todo. Si alguien se siente llamado para ofrecer su vida plenamente a Dios y a su misión, no tengas miedo de decir que Sí, porque Él que te llama está siempre contigo”.