OMPRESS-CHAD (5-06-20) Las Misioneras Combonianas comparten el testimonio vocacional de una de sus hermanas, Delphine Amivi Gakpe, que en su sencillez refleja la vida y entrega a la misión de todas las religiosas de este instituto.

“Me llamo Delphine Amivi Gakpe y soy natural de Togo, en la costa occidental de África. Soy misionera comboniana y actualmente me encuentro en el hospital S. Joseph, en Bébedjia, una ciudad situada al sur del Chad. Llegué aquí en noviembre de 2019 y actualmente mi trabajo lo realizo llevando la contabilidad del hospital.

En el hospital el trabajo no nos falta, pero la pandemia de coronavirus ha llegado también aquí y no podemos salir de nuestro recinto hospitalario. No podemos ir a la parroquia, porque están cerradas. Realmente me gustaría poder conocer más gente de la parroquia, del barrio… comprometerme en alguna actividad, pero por el momento esto es imposible. De todos modos estar aquí supone para mí una gran alegría, sobre todo por poder compartir mi vida con esta población, aquí en este país, concretamente en el hospital.

Mi camino para ser misionera comboniana ha sido largo. Puedo decir que mi vocación surgió a partir de la Palabra de Dios, concretamente Lucas 10, 2 que nos dice: ‘La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.’ Para ayudarme a responder a esta llamada el sacerdote de mi parroquia me propuso participar en el grupo de vocación. Después conocí a las misioneras combonianas, concretamente a la hermana Josefina Calle, de Ecuador y más tarde a Paquita Sánchez, española. Ambas trabajaban en Lomé, la capital del Togo. Ellas me ayudaron a descubrir lo que el Señor me pedía.

Cuando terminé el bachillerato en 2008 quise irme con las misioneras, pero ellas propusieron un tiempo de espera en el que pude estudiar catequesis y pude también realizar una experiencia de comunidad con ellas. Finalmente entre 2010 y 2012 inicié la primera formación con las misioneras combonianas en la República Democrática del Congo, concretamente en la capital, en Kinshasa. Éramos un grupo de chicas que veníamos de diferentes países: Congo, Benín, Togo y Camerún. Fue una experiencia muy bonita, pero también hubo sus dificultades como por ejemplo el no entender la lengua, el problema de la comunicación entre nosotras, problemas de culturas diferentes, de integrarnos en un nuevo ambiente… Pero todo eso nos ayudó a crecer como personas. Después de esta etapa empezamos otra nueva, que se llama noviciado y en la que la joven tiene que realizar un discernimiento mucho más profundo para poder llegar a realizar sus votos y ser religiosa. Esta etapa la pasamos en Uganda y fue allí que en 2016 realicé mis primeros votos. Al terminar me enviaron a Centroáfrica. La responsable me pidió que realizara estudios superiores antes de integrarme en el trabajo de la misión.

Y así me enviaron a Camerún donde estuve tres años hasta 2019 y donde conseguí mi Licencia en Gestión y Administración en la Universidad Católica del África Central. Durante este período en Camerún trabajé en la pastoral con niños, lo que llamamos Infancia Misionera. Cada domingo después de la Misa me encontraba con ellos, hacíamos actividades, animaciones, leíamos el Evangelio… Ellos apreciaban mucho este momento porque para ellos era importante estar con una religiosa que les ayudase a entender la Palabra de Dios. Para mí fue una experiencia maravillosa. Yo disfrutaba porque los niños me gustan y porque me permitían salir de mi rutina con los libros y los números.

Al terminar mis estudios en Camerún y después de unas breves vacaciones con mi familia me enviaron a Chad, donde me encuentro como he dicho más arriba. Estoy realmente contenta de estar aquí y doy las gracias a todas aquellas personas que, de un modo u otro, me han ayudado con sus oraciones para llegar hasta aquí. Les pido una oración por mí para que pueda ser fiel a este compromiso misionero y a esta llamada que el Señor Jesús me ha hecho”.