OMPRESS-ECUADOR (24-09-18) Las Misioneras Combonianas comparten el testimonio vocacional de la misionera Pilar Sainz Gómara, una vida entregada a la misión:

“Como me envió mi Padre, así os envío yo (Mt 28, 19). Hace ya más de 50 años esta fue la frase del Evangelio que me zumbaba en la cabeza cuando formaba parte del grupo juvenil de mi parroquia. Quien ‘me dio el empujón’ fue Dios a través de un grupo de misioneros y misioneras que fueron expulsados por el gobierno de Sudán del Sur (África). Un grupo de personas que habían entregado su vida a este pueblo africano y que como ‘recompensa” recibieron la orden de dejar el país en pocas horas. Aquello hizo que me hiciese un sinfín de preguntas como: ¿Qué será de esa gente sudanesa?, ¿quién les ayudará?, ¿quién les hablará de Jesús y de su Palabra?, etc…

Fueron años y meses en los que se originó una incertidumbre dentro de mí muy fuerte ya que me costaba muchísimo dejar todo lo que había construido con gran esfuerzo: una profesión que me gustaba y me satisfacía, la familia que amaba con fuerza, el grupo juvenil, el chico con el que pensaba formar una familia, etc…

Pero Dios, que nunca se deja ganar en generosidad, tuvo la gran idea de ponerme a mi lado una persona que me ayudo a ver con claridad lo que Él quería de mí y así, a través de la Revista Misionera “MUNDO NEGRO”, conocí a las Religiosas Misioneras Combonianas. Una Congregación italiana y estrictamente misionera fundada para África por San Daniel Comboni y que hoy día está presentes en cuatro continentes.

Por lo tanto, mi anhelo de ir a dar mi colaboración en África seguía fuertemente vivo y fue una gran alegría cuando, después de mi formación en Italia, me destinaron a Etiopía, un país en guerra en donde la gente sufría lo inimaginable… Allí estuve 12 años. Luego me pidieron cambiar de continente y viajé a Ecuador, donde trabajé 33 años.

Después de estar 4 años y medio en España, a pesar de los años ‘que pasan demasiado deprisa’, nunca perdí la esperanza de regresar al país que me acogió y en donde dejé parte de mi vida: Ecuador. Y Dios lo ha permitido pues desde hace casi dos años estoy en Esmeraldas, conocida como la Perla Negra, porque la mayoría de las personas son de raza negra. Un pueblo con una riqueza cultural impresionante y que ama con fuerza a sus misioneras y misioneros. A tal punto que no cambio mi vida por todo el oro del mundo y si volviese a nacer sería Misionera Comboniana pues cada día doy gracias a Dios por el don de la vocación misionera.

Mi trabajo es la Educación pues tengo a cargo 40 Colegios y Escuelas que sigo como Pastoral Educativa y con alegría doy todo lo que necesitan Profesores y alumnos hasta que Dios quiera… pues no hago planes sino que vivo el día a día entre este pueblo esmeraldeño, que una vez más me ha acogido con los brazos abiertos.

Tanto en Etiopía como en Ecuador he trabajado con los niños, adolescentes y jóvenes. Al dejar la misión, el lema de San Daniel Comboni ‘Salvar África con África’: formar a los africanos para que ellos sean los protagonistas lo he tenido siempre presente y he dado todo de mí para que no se haga realidad solamente en Etiopía sino también en Ecuador. Y cuando he dejado la misión los jóvenes estaban preparados para formar a los adolescentes y estos a los niños pues hoy en día muchos de ellos están estudiando en la Universidad, han formado una familia y tienen un trabajo seguro.

Por lo tanto, ¿no vale la pena arriesgar la vida para que otros la tengan y en abundancia, como dijo Jesús?¡¡¡CLARO QUE SÍ!!!”.

 

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