OMPRESS-PAPÚA (16-09-20) El territorio de la segunda mayor isla del mundo está dividido entre dos países, Indonesia y Papúa-Nueva Guinea. Es en la parte Indonesia, en la aldea de Modio, donde ejerce su labor misionera el padre Kira.

La labor misionera del padre Alfonsus Biru Kira en Papúa comenzó años después de haber pisado por primera vez esta región, la más oriental de Indonesia en 2008. En aquel entonces era un seminarista jesuita, que vivía en Yakarta, que había sido asignado a una iglesia del distrito de Nabire, en Papúa, para un programa de orientación pastoral. “Poco después de bajarme del avión, pude ver que algo no estaba bien. Había una brecha social muy clara. La gente de Papúa caminaba descalza mientras los forasteros viajaban en vehículos y vestían ropa bonita”, ha declarado el misionero a la agencia de noticias católica UCA News. Pasó un año en aquella parroquia, viendo los problemas a los que se enfrentaba el pueblo de Papúa: la pobreza, la injusticia, la violencia… en otros.

Volvió a Yogyakarta en Java, para continuar sus estudios en el St. Ignatius College. “Durante tres años en la universidad, solo pude pensar en Papúa, hablar sobre Papúa y leer libros sobre Papúa”. Hasta que, antes de ser ordenado diácono, el provincial jesuita le sugirió que se hiciera sacerdote diocesano en Papúa. Como recuerda el padre Kira, “Quizás el provincial jesuita estuviera leyendo mis pensamientos”. Así que, en 2012, tras completar sus estudios teológicos en la Universidad Sanata Dharma dirigida por jesuitas en Yogyakarta, volvió a Papúa, y fue ordenado sacerdote en la diócesis de Timika.

El padre Kira comenzó su trabajo misionero en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Modio, una aldea en el distrito Dogiyai de Papúa. Desde entonces, la única misión de este sacerdote nacido en otra de las innumerables islas de Indonesia, Flores, tan distinta de Papúa, ha sido proteger al pueblo de Papúa en un mundo cambiante. “Papúa se enfrenta a una transición. Sin embargo, esta transición a menudo muestra un rostro inhumano. Hay violencia, injusticia y pobreza”. Su misión va de la mano de los valores y el patrimonio fundamentales de la aldea, que encarnan la historia del catolicismo y la civilización de la región, así como la riqueza de los recursos naturales. “Quiero hacer de esta zona un sitio histórico popular y un santuario mariano. Algo parecido al Santuario Mariano Sendangsono en la provincia de Yogyakarta, donde se sembraron las semillas de la fe católica en Java”.

El padre Kira hace referencia al Santuario Mariano de Sendangsono, cuyo nombre significa “manantial que fluye debajo de un árbol”. Este fue el lugar del bautismo de 171 javaneses en diciembre de 1904. El padre jesuita Franciscus van Lith bendijo el manantial y usó el agua para su bautismo. El evento se considera el nacimiento de la Arquidiócesis de Semarang, que incluye la provincia de Yogyakarta.

En cuanto a su labor social, el sacerdote explica que “este pueblo es rico en recursos naturales como café, noken (bolsos tradicionales tejidos con corteza de árbol), cacahuete y cebolla”. Ha impulsado por ello el desarrollo del pueblo a través del café, por su valor a nivel nacional e internacional y porque casi todos los aldeanos, que son cristianos, son productores de café. Se trata de hacer famoso el café de Modio. Sobre todo se trata de que los campesinos pueden producir algo de su tierra y mejorar su situación económica. “Si se dan cuenta de que pueden ganar dinero con su tierra, no la venderán”, explica el misionero, por lo que está organizando un sistema para comprarles el café y venderlo en la principal ciudad del distrito y en el vecino distrito de Nabire, aquella zona en la que nació su vocación misionera.