OMPRESS-BURKINA FASO (21-10-20) Las Obras Misionales Pontificias han enviado más de un millón de euros a las jóvenes iglesias de Burkina Faso. Han querido estar cerca de las 15 diócesis que cubren un país que ha sufrido este año la lacra del terrorismo, unas inundaciones inusuales y las consecuencias del coronavirus.

La violencia en Burkina Faso del terrorismo islámico de corte fundamentalista ha aumentado notablemente desde principios de 2019. En febrero de 2020, afectó a la población de la parroquia de Sebba, en el norte del país. “Los terroristas saquearon un pueblo de la parroquia de Sebba. 24 personas murieron”, contaba el obispo de la diócesis de Dori, Mons. Laurent Dabiré. Entre los muertos estaba el catequista Philippe Yarga. El obispo Dabiré tuvo que cerrar la parroquia de Sebba y otras dos parroquias por razones de seguridad. Philippe era uno de los cientos de catequistas que hacen que la fe en Burkina Faso esté tan viva a pesar de las dificultades, que no son pocas. Por eso, este año, una gran parte de los fondos enviados por las Obras Misionales Pontificias, gracias a la generosidad de tantos fieles del mundo con el Domund, ha ido destinada a ellos. 263.500 euros, el 24,5% de todo el dinero enviado, ha ido destinado a ellos, a ayudarles por todo el tiempo que dedican a sustituir, en las celebraciones dominicales, a los sacerdotes, a mantener las caritas parroquiales, tan necesarias en tiempos de coronavirus, a ser la cara de la Iglesia en cientos de aldeas de este país.

La otra gran partida, la más grande, de los 1.074.150 euros enviados a Burkina, es lo que en el lenguaje de las Obras Misionales Pontificias se conoce como “subsidios ordinarios”. 292.000 euros han ido directamente a las diócesis para su sostenimiento. Se trata de ayudar a mantener estas jóvenes iglesias que como en el caso de la diócesis de Tenkodogo, fundada en el 2012, son en realidad jovencísimas. Con estas sumas se complementa y se respalda el día a día, alimentos, ropa y hasta los vasos litúrgicos, de cada obispo y del clero diocesano hasta que estas iglesias puedan mantenerse por sí solas. Algo que ya empieza a ocurrir con la diócesis de Bobo-Dioulasso, una de las más antiguas – está a punto de cumplir un siglo de existencia – a la que prácticamente no es necesario ayudar.

El resto de las ayudas del Domund se destina a “subsidios extraordinarios”, peticiones de proyectos. Ejemplos: la reconstrucción de la parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación de Zaba; con los 18.000 euros enviados se repararán los deterioros de los edificios de esta parroquia que datan de 1947. También se ayudado con 20.000 euros a la parroquia de Saint Abraham de Gorom-Gorom, arrasada por las últimas lluvias torrenciales, en la que hay que arreglar techos, revestimientos, electricidad… O se ha acondicionado el exterior de la catedral de la diócesis de Manga, puesto que el espacio interno nunca es suficiente para acoger a todos los fieles en las grandes fiestas y solemnidades.

Otras ayudas han ido destinadas a las religiosas, el otro fuerte de las diócesis de Burkina Faso. Se ha construido con 25.000 euros y el mucho trabajo de las hermanas el convento de Santa María de Torfou, y se ha renovado, con otros 20.000 euros, toda la zona comunitaria de la casa de las Hermanas de la Anunciación en Nouna. También hay que ayudar con el agua, como en Ouahigouya, en donde se han destinado 20.000 euros para solucionar el problema del agua potable, instalando una torre de agua y haciendo un pozo con una bomba movida por energía solar. Desde Burkina Faso, han agradecido todas estas ayudas en estos momentos tan difíciles.