OMPRESS-GUATEMALA (14-06-18) El misionero comboniano Damián Bruyel escribe con fecha de ayer desde la Ciudad de Guatemala, contando, en una larga comunicación “Cuando se desata la furia del volcán”. Tras contar lo sucedido con la erupción del Volcán de Fuego en “aquel fatídico 3 de junio”, el misionero habla de las consecuencias: “En el periódico principal de Guatemala, «La Prensa Libre», del día de hoy, 13 de junio, las cifras oficiales de las autoridades son las siguientes: 111 muertos, 57 heridos graves, 12 784 evacuados, 3.557 albergados y 197 desaparecidos. Pero las mismas autoridades reconocen «que no tienen los datos reales de desaparecidos por erupción volcánica». «No tenemos —dicen— los datos de desaparecidos por comunidad»”.

“Pequeñas comunidades han quedado sepultadas de ceniza y rocas. Los dos pueblos más afectados han sido San Miguel Los Lotes (810 habitantes) y El Rodeo (1.535). La mayoría pudo huir a tiempo, pero muchos otros quedaron atrapados dentro de sus casas. Muerte, devastación es todo lo que queda de San Miguel Los Lotes, que se ha convertido en la zona cero del volcán de Fuego. La violenta erupción arrasó con todo lo que encontró a su paso. Donde antes había árboles, casas y vida, ahora solo queda la destrucción y la desaparición total de la localidad. Todo ha quedado sepultado bajo tres metros de sedimentos; la mayor parte de las víctimas pertenecían a este lugar. No pudieron hacer nada cuando los flujos piroclásticos y los lahares arrasaron literalmente sus hogares, y muchos quedaron atrapados en el interior y perecieron allí.

Algunos sobrevivientes dicen que han perdido 20, 30, 40 o más familiares. A mí me ha impresionado mucho el relato de un rescatista, que contaba cómo dentro de una casa habían encontrado muertos a seis niños abrazados entre sí, a su madre en la puerta y a su padre, afuera, a solo unos metros. Otro caso que ha impactado mucho a la opinión pública, porque salió la foto en las redes sociales, fue el de un anciano de 88 años al que encontraron solo, todo quemado, sentado a la orilla de una carretera; se le veía sereno, sin manifestar exteriormente sufrimiento alguno; cuando lo rescataron, lo llevaron de inmediato al hospital, pero falleció a los tres días. Se llamaba Concepción.

Las pérdidas humanas son, ciertamente, muy tristes. Pero la situación en la que viven esos casi cuatro mil albergados en escuelas, iglesias, albergues, salones comunales, etc. es también lamentable. No tienen trabajo, los niños sin escuela, demasiada gente amontonada en esos recintos; durmiendo juntos, aseándose y bañándose con muy poca agua y comiendo en condiciones infrahumanas y sin privacidad (ayer, domingo, en un albergue intentaron violar a una niña). El pueblo guatemalteco se está desviviendo generosamente para ayudar a estas pobres gentes con alimentos, ropa, artículos de higiene, etc. Las ayudas internacionales están llegando poco a poco. Ahora la preocupación es ayudar a los miles de evacuados y, sobre todo, a toda esa gente malviviendo y que ha perdido sus hogares, sus animales, sus fincas, todo…”.