OMPRESS-MYANMAR (15-04-20) El arzobispo de Yangon, Myanmar, el cardenal Charles Bo, ha publicado un duro artículo acusando al gobierno comunista chino de la responsabilidad de la pandemia. Publicado por la agencia católica de noticias UCANews, el cardenal Bo expresa sus opiniones con firmeza y claridad:

“El viernes pasado, el Papa Francisco estaba de pie frente a una vacía Plaza de San Pedro, hablando a millones de personas de todo el mundo que le contemplaban a través de las transmisiones televisivas y online. La plaza estaba vacía, pero en todas partes los corazones estaban llenos no solo de miedo y pena, sino también de amor.

En su hermosa homilía Urbi et Orbi, nos recordó que la pandemia de coronavirus ha unido a nuestra común humanidad. ‘Nos hemos dado cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”. No hay rincón del mundo que no haya sido tocado por esta pandemia, ninguna vida que no se vea afectada. Según la Organización Mundial de la Salud, casi un millón de personas han sido infectadas y más de 46.000 han muerto. Para cuando esto termine, se espera que la cifra global de muertes sea de millones.

Se han alzado voces internacionales contra la actitud negligente mostrada por China, especialmente por su despótico Partido Comunista Chino (PCCh) liderado por su hombre fuerte Xi Jinping. El Daily Telegraph del Reino Unido informaba el 29 de marzo cómo China había ocultado la verdadera escala del coronavirus. Con sorpresa, informaba de la reapertura del mercado identificado como la causa de la propagación del virus. James Kraska, un reputado profesor de Derecho, escribía en el sitio web War on the Rocks que China es legalmente responsable del Covid-19 y que se podrían hacer demandas de miles de millones de dólares.

Un modelo epidemiológico de la Universidad de Southampton del Reino Unido mostraba que si China hubiera actuado con responsabilidad solo una, dos o tres semanas antes, el número de afectados por el virus se habría reducido en un 66 por ciento, 86 por ciento y 95 por ciento, respectivamente. Su fracaso ha desatado un contagio global que mata a miles. En mi propio país, Myanmar, somos extremadamente vulnerables. Con frontera con China, donde comenzó el Covid-19, somos una nación pobre sin los recursos sanitarios y de asistencia social que tienen las naciones más desarrolladas. Cientos de miles de personas en Myanmar se han visto desplazadas por conflictos, viviendo en campamentos en el país o en nuestras fronteras sin sanidad, medicamentos o cuidados adecuados. En estos campamentos superpoblados, las medidas de distanciamiento social implementadas por muchos países son imposibles de aplicar. Los sistemas de salud en los países más avanzados del mundo se ven sobrepasados, por lo que es fácil imaginar los peligros en un país pobre y conflictivo como Myanmar.

A medida que examinamos el daño causado a muchas vidas en todo el mundo, debemos preguntarnos quién es el responsable. Por supuesto, se pueden hacer críticas a las autoridades en todas partes. Muchos gobiernos han sido acusados de no prepararse en cuanto vieron surgir el coronavirus en Wuhan. Pero hay un gobierno que tiene la responsabilidad principal de lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer, y ese es el régimen del PCCh de Pekín. Permítanme ser claro: es el PCCh el responsable, no el pueblo de China, y nadie debe responder a esta crisis con odio racial hacia los chinos. De hecho, los chinos fueron las primeras víctimas de este virus y durante mucho tiempo han sido las principales víctimas de su régimen represivo. Se merecen nuestra simpatía, nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Pero son la represión, las mentiras y la corrupción del PCCh las responsables. Cuando surgió el virus, las autoridades en China suprimieron las noticias. En lugar de proteger al público y apoyar a los médicos, el PCCh silenció a los denunciantes. Peor que eso, a los médicos que trataron de dar la voz de alarma, – como el Dr. Li Wenliang en el Hospital Central de Wuhan, que emitió una advertencia a sus colegas médicos el 30 de diciembre – la policía les ordenó que ‘dejaran de hacer comentarios falsos’. Al Dr. Li, un oftalmólogo de 34 años, le dijeron que lo investigarían por ‘difundir rumores’ y la policía le obligó a firmar una confesión. Luego moriría tras contraer el coronavirus.

Los jóvenes periodistas que intentaron informar sobre el virus desaparecieron. Li Zehua, Chen Qiushi y Fang Bin se encuentran entre los que se cree que fueron arrestados simplemente por decir la verdad. El experto legal Xu Zhiyong también fue detenido tras publicar una carta abierta criticando la respuesta del régimen chino. Una vez que se supo la verdad, el PCCh rechazó las primeras ofertas de ayuda. Pekín ignoró al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos durante más de un mes e incluso la Organización Mundial de la Salud, a pesar de colaborar estrechamente con el régimen chino, fue inicialmente marginada. Además, existe una profunda preocupación de que las estadísticas oficiales del régimen chino minimicen significativamente la escala de infección dentro de China. Al mismo tiempo, el PCCh ahora ha acusado al Ejército de los Estados Unidos de causar la pandemia. Las mentiras y la propaganda han puesto en peligro millones de vidas en todo el mundo.

La conducta del PCCh es sintomática de su naturaleza cada vez más represiva. En los últimos años, hemos visto una dura represión contra la libertad de expresión en China. Abogados, blogueros, disidentes y activistas de la sociedad civil han sido detenidos y han desaparecido. En particular, el régimen lanzó una campaña contra la religión, que dio como resultado la destrucción de miles de iglesias y cruces y el encarcelamiento de al menos un millón de musulmanes uigures en campos de concentración. Un tribunal independiente en Londres, presidido por Sir Geoffrey Nice QC, que procesó a Slobodan Milosevic, ha acusado al PCCh de extracción forzada de órganos a presos de conciencia. Y Hong Kong, una de las ciudades más abiertas de Asia, ha visto sus libertades, derechos humanos y su estado de derecho erosionados de forma dramática.

Debido a su manejo inhumano e irresponsable del coronavirus, el PCCh ha demostrado lo que muchos pensaban anteriormente: que es una amenaza para el mundo. China como país es una civilización grande y antigua que ha aportado mucho al mundo a lo largo de la historia, pero este régimen es responsable, a través de su negligencia criminal y de su represión, de la pandemia que se extiende hoy por nuestras calles. El régimen chino dirigido por el todopoderoso Xi Jinping y el PCCh – no su gente –nos debe a todos una disculpa y una compensación por la destrucción que ha causado. Como mínimo, debería cancelar las deudas de los demás países para cubrir el coste del Covid-19. Por el bien de nuestra humanidad común, no debemos tener miedo a que este régimen rinda cuentas. Los cristianos creen, en palabras de Pablo el Apóstol, que debemos ‘regocijarnos con la verdad’, porque como Jesús dice ‘la verdad los hará libres’. La verdad y la libertad son los pilares gemelos sobre los que todas nuestras naciones deben construir cimientos más seguros y fuertes”.