OMPRESS-CHAD (1-06-20) Guerras constantes, donde no hay grandes ejércitos, pero si un goteo ininterrumpido de muertes, así son estas guerras que causan en el continente más muertes que el coronavirus. Missio Italia – Obras Misionales Pontificias – ha recogido los testimonios de los misioneros que ven las consecuencias de estos enfrentamientos. Y es que los tratados de paz en África no siempre se mantienen y casi nunca conducen a la solución definitiva de los conflictos. Las llamadas “guerras de baja intensidad”, como las que aún se libran en Chad, la República Centroafricana o Sudán del Sur (y más recientemente en el norte de Mozambique), a menudo producen más víctimas que una guerra en toda regla.

La hermana Paola Nuzzi, durante más de treinta años en Chad (ahora en Italia por un breve descanso), misionera de la Caridad de Santa Giovanna Antida Thouret, vive en la capital Yamena. Cuenta a Missio Italia que en los últimos meses el clima es de profunda inseguridad. “Para nosotros que vivimos en Yamena, explica, la vida parece tranquila y pacífica, pero al otro lado del país se sigue combatiendo sin que se sepa”. Los civiles continúan muriendo. Son muchos, realmente muchos. Los más pobres son siempre los que pierden, los que no pueden defenderse”. El grupo terrorista Boko Haram ha estando llenando de males toda la región del lago Chad durante muchos años; El pasado abril, las tropas del gobierno, coordinadas por el propio presidente, el dictador Idriss Déby, lanzaron una ofensiva, la llamada “operación ira de Boma”, matando a unos mil milicianos.

Pero los rebeldes siempre están listos para organizar represalias contra la gente común. “La gente tiene miedo y muchas veces también hemos tenido miedo nosotras, las hermanas”, dice sor Paola. “Cuando llegué a Chad en los años ochenta, esta tierra no daba fruto alguno, parecía tan dura como el hormigón, recuerda. Ahora se comienza a cultivar, pero nuestros propios gobernantes siempre han sabido que hacer crecer el país significaba dejar de tener el control sobre la gente. Cuando llegué, apenas había cinco kilómetros de carretera asfaltada”. Ahora Chad está más desarrollado, pero sigue siendo muy pobre. Sin embargo, la riqueza no falta: aquí los yacimientos de gas y petróleo tientan a muchos. Francia “todavía considera al país como su colonia”.

Los diamantes traen inestabilidad y conflicto también a la República Centroafricana, donde vive la hermana Elvira Tutolo. Los últimos episodios de violencia se remontan a hace una semana, cuando 14 milicias armadas no se han disuelto ni depuesto las armas, a pesar de la firma de un tratado de paz. “La ciudad de Obo fue incendiada y la semana pasada dispararon en el centro de otra ciudad, Ndele. Las milicias siguen creando problemas y no respetan la firma del acuerdo de paz (firmado el 5 de febrero de 2019). Esta es una situación dramática: esperábamos mucha paz”, dice a Missio Italia la hermana Elvira. “”El año pasado se llegó a un acuerdo condicionado: la comunidad internacional dijo ‘si dejáis de combatir os daremos ministerios’. Hablaban de un gobierno de concentración y de unidad nacional. Pero en mi opinión, fue un verdadero pacto con el enemigo, dice la hermana Elvira desde Bangui. Nosotros los misioneros, que conocemos el sufrimiento de la gente, siempre hemos dicho que no era justo negociar”.

En Bangui, en África Central, el padre Federico Trinchero, un misionero carmelita descalzo, escribía: “Paradójicamente, Centroáfrica, después de años de guerra, está más lista que muchos otros para enfrentarse a situaciones de emergencia y vivir en condiciones extremas”. En este país masacrado por el conflicto entre los Seleka (islamistas) y los anti-Balaka (de origen cristiano), al menos hasta el reciente acuerdo de paz, la llegada de la pandemia de covid-19 hasta el momento no ha traído grandes convulsiones. “Ya ha ocurrido que no tengamos escuela durante meses, dice el padre Trinchero, incluso años, estar obligados a no salir de la casa durante semanas, establecer hospitales de campaña, renunciar a viajes o eventos y organizarse con un pequeñísimo presupuesto mensual”.

Otro país profundamente inestable, a pesar de la firma del acuerdo de paz con Sudán, es Sudán del Sur, que lucha con una guerra que se ha convertido en una guerra de guerrillas interna. Christian Carlassare, un misionero comboniano, en Sudán del Sur desde 2005, decía a Missio: “desgraciadamente, ya en 2013, el país tomó el camino equivocado: una política de exclusión que hizo que el país cayera en un conflicto interno que lleva un sesgo étnico. El proceso de pacificación nacional, a pesar de que ofrece un espacio de diálogo para muchas personas, no parece ser inclusivo y no proporciona garantías”.

Finalmente está el reciente conflicto en el norte de Mozambique, en Cabo Delgado, donde las milicias armadas del movimiento yihadista, que también se hacen llamar Ahlu Sunnah Wa-Jama, están socavando la tranquilidad de un país que parecía uno de los más pacíficos. “Sin duda estamos preocupados. Los últimos ataques están a 150 km de la ciudad de Pemba, donde estamos. Estos alborotadores están bajando y nadie parece ser capaz de pararlos”. La hermana Franca Bettin cuenta que la identidad de los terroristas no está clara, pero estarían afiliados a al Shabab. “Continúan aumentando las apuestas. Es de hace poco la noticia de 52 muertes a principios de abril. Nunca tantos como ahora. El obispo de Pemba, de quien depende la región de Cabo Delgado, lleva dos años sin dejar de alzar su voz, metiéndose en situaciones incómodas. Pide al gobierno intervenciones concretas, incluso le escribió al Secretario General de las Naciones Unidas. La Conferencia Episcopal de Mozambique intervino, pidiendo atención a lo que está sucediendo en la región de Cabo Delgado”. Muchas de las personas desplazadas llegan a Pemba a casa de familiares o amigos. “Gomes es nuestro vecino y amigo, dicen las hermanas, y está acogiendo a 20 personas en su casa: parientes y amigos de estos parientes. Llegaron de la noche a la mañana, se pusieron cómodos, la adaptabilidad en África es increíble. Pero estas veinte personas tienen que comer algo todos los días, y Gomes ciertamente no tiene posibilidad de de alimentarlos”.