OMPRESS-MADRID (19-10-18) Las Obras Misionales Pontificias son el alma del Domund. Es la institución de la Santa Sede que lo lleva adelante, desde que en 1926, la Iglesia hiciera suyas una labor y unas iniciativas de verdadera catolicidad que crearon y llevaron adelante laicos enamorados por las misiones.

Son cuatro Obras con cuatro fines. La Obra de San Pedro Apóstol ayuda a las vocaciones en los territorios de misión; la Obra de la Infancia Misionera lleva casi 200 años ayudando a los niños de los territorios de misión; la Pontificia Unión Misional promueve la conciencia de la misión y el espíritu de unidad, oración y sacrificio generoso entre los sacerdotes, los religiosos y los laicos.

Es la Obra de la Propagación de la Fe la que está detrás del Domund y la que coordina las ayudas a los 1.109 territorios de misión con una suma fija cada año para los tan necesarios gastos del día a día y colabora, además, con cientos de proyectos de evangelización. El acrónimo Do-mund, de Do-mingo Mund-ial de la Propagación de la Fe, ha hecho que en España la misma Obra de la Propagación de la Fe sea conocida popularmente también como DOMUND.

Tanto en los días previos como el mismo domingo de las misiones, en todas las diócesis del mundo, las Obras Misionales Pontificias fomentan todo tipo de actividades de animación, promoción y acercamiento de las misiones a cada fiel católico. Hay vigilias de oración, rastrillos misioneros, postulación por las calles. Los misioneros, rostro de la Iglesia misionera, visitan parroquias, colegios y comunidades. Hay pregones del Domund en muchas diócesis, conciertos solidarios y otras iniciativas. Sobre todo, hay mucho cariño por las misiones.

Hasta el Papa envía un mensaje única y exclusivamente para esta gran cita misionera. En el de este año, recordaba el Papa Francisco que “las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es”.

 

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