OMPRESS-BOLIVIA (9-06-20) Al igual que muchas parroquias en todo el mundo, la parroquia de Santa Ana de Yacuma, en este vicaricato, se ha volcado en ayudar a los que más están sufriendo la parálisis económica y el aislamiento de estos tiempos. El Vicariato Apostólico de Beni, en el noreste de Bolivia, en la frontera con Brasil, tiene una extensión de casi una tercera parte de España, y sólo 180.000 habitantes. Uno de sus 24 sacerdotes es el padre Germán Sosa, el joven párroco de Santa Ana. Bolivia Misionera ha recogido su testimonio sobre cómo ayudan a quienes más lo necesitan en estos días de coronavirus.

La parroquia comenzó desde los primeros días a recoger víveres, donados por la gente de a pie. Una corriente de donaciones que no ha cesado. “Es importante remarcar”, dice el padre Germán, “que no hemos recibido ayuda de ninguna institución, de ningún partido político, o grandes instituciones, simplemente es la misma feligresía católica, gente que tiene para apoyar, ganaderos y centros comerciales, que nos han hecho llegar víveres”. Cuando les donaron diez reses, respartieron un kilo y medio de carne a cada familia.

“Hoy tenemos 7 ollas comunes en siete zonas de nuestra jurisdicción de Santa Ana de Yacuma, si bien son 10 zonas, por el momento solo tenemos 7, tenemos también mercado a bajo precio, solidarios con la venta de pollo huevo, la parroquia acoge estos servicios sociales para la población que no puede comprar a precios altos, por ello hacemos trato con empresas para favorecer a la población”, explica el sacerdote, que añade que con los víveres ayudan a 500 personas y a más de 7.000 con el mercado. En cada zona donde han puesto en marcha las ollas comunes dan de comer de 150 a 200 personas por cada una de ella, lo que hace que cada día puedan comer 1.200 personas. “Se ha elaborado pan, cuando tenemos harina, donamos y las panaderías hornean, y nosotros nos encargamos de la distribución” y añade, que “no usamos números de cuenta, no recibimos dinero, por la misma situación porque puede traer desconfianza, prefiero mil veces que nos traigan los productos físicos”.

“Son momentos en los que la gente nos necesita como Iglesia, tenemos que ser una Iglesia en salida, una Iglesia encerrada no da testimonio, tenemos que salir los sacerdotes, Jesús salió, estuvo con la gente pobre, humilde, leprosos y enfermos, y hoy el Señor nos pide que seamos ese Jesucristo, seamos sus pies, manos y corazón, y salgamos a darle esperanza a nuestra gente, ellos esperan mucho de nosotros, nuestra opción es por los pobres, la salud y la vida. Como sacerdotes diocesanos que vivimos la realidad de la gente todos los días, vemos que la gente acude a la parroquia porque es el lugar donde pueden encontrar esperanza y alegría, una mano lava la otra, y nosotros somos esa mano que tenemos que lavar el hambre y enfermedad de nuestros hermanos”.