OMPRESS-MOZAMBIQUE (28-05-20) Pemba está en Cabo Delgado, la provincia mozambiqueña que está sufriendo ataques de un supuesto grupo islámico, desde allí escribe a las OMP de Zaragoza el misionero Eduardo Roca. “En este tiempo de virus y terrorismo, aquí en Pemba la vulnerabilidad ha crecido enormemente, y yo creo que cada día soy más sensible, o me duele más que el anterior, el sufrimiento”.

“Entre el 7 y el 8 de abril pasados un grupo numeroso de terroristas volvió a entrar en una aldea del Norte de la Provincia, Xitaxi. Dicen que llamaron a toda la población, mayoritariamente makonde y cristiana. Todos acudieron, despacharon a las mujeres y pidieron a los hombres que se uniesen a ellos y abrazasen su causa violenta. Las versiones no coinciden: unos dicen que se los llevaron a la floresta y allí les preguntaron quiénes eran musulmanes y quiénes cristianos, y los separaron, y entonces empezaron a degollar a los cristianos mientras invocaban el nombre de Alá. Sé de uno llamado Fernando ‘Poeira’, y otro José. Estoy recogiendo sus nombres, de los 52, mártires de Xitaxi… pero parece que fueron más. Quizás sabremos la historia un día. Hace dos años que los terroristas de Estado Islámico matan haciendo sacrificios ante su dios, y creen que así abren la puerta del paraíso a sus víctimas. No sabemos cuántos habrán muerto así.

Pienso que todos necesitamos entender que la paz reside en saber tocar con amor aquello a lo que tenemos miedo… Muchos días me viene a la cabeza esta imagen: la del terrorista que sin piedad corta la cabeza de personas indefensas… y entiendo que mis sentidos necesitan contemplar mucho más el amor del crucificado para sentir la compasión que va más allá de todo.

Acaba de llegar una señora a verme y pedir ayuda. Tiene el rostro y la cabeza lleno de grandes cicatrices que le han dejado las heridas de machete de los terroristas. Es terrible, hasta el punto de no poder la razón hacer un sitio a todo esto. Llevamos dos meses dando alimento y ropa a los refugiados, centenares. Historias de éxodo y miseria. Y cada día hay más. Pero es cierto que también las organizaciones se han puesto a trabajar pronto. Hay mucho más bien que el mal despierta…

La misión se ha convertido en un lugar de respuesta a la emergencia humanitaria, y ya hemos organizado los procedimientos de este improvisado hospital de campaña… Mientras el virus no nos permita más movimiento. La situación es dura, y es ahora que también tiene sentido decir algo, y quizás sea también una catarsis… los grandes problemas de África están ligados a todo lo que somos como seres humanos, en cualquier lugar. Son un espejo de nuestra grandeza y nuestra miseria.

¿Cuánto durará esto? Ese es el interrogante, porque solo si se pacifica la situación se puede reconstruir la vida. Nuestra gente, la de aquí de nuestra parroquia ahora no puede salir ni moverse tanto, y esto está trayendo más hambre y necesidad, por eso lo que este virus hace en África es dramático. Nadie puede resistir cerrado en casa… por eso tengo que estar atento a los dos lados, y si algo sabemos es que Dios nos ha puesto aquí hoy para aliviar su sufrimiento (…). Algo ha cambiado sin darme cuenta: que la fuente de mi dolor soy mucho menos yo y mucho más estos, los más pequeños, y que mi amor se esté descentrando tanto sólo puedo considerarlo un regalo. Y esto en medio del barro que sostiene la gracia. Me ayuda mucho teneros ahí, desde hace tanto y sobre todo que entendáis que mi misión es esta…”.