OMPRESS-PAPÚA-NUEVA GUINEA (4-09-20) Con ella está toda la Iglesia de Papúa, en una lucha contra un fenómeno que sólo en el último año ha causado doce víctimas, mujeres torturadas y asesinadas por ser supuestas “brujas”. “Muchas mujeres han sido torturadas y apaleadas en pueblos remotos de la provincia, pero a menudo las familias permanecen en silencio por temor a represalias”, informaba a L’Osservatore Romano estos días la hermana Lorena Jenal, una franciscana suiza que lleva treinta años como misionera en Papúa-Nueva Guinea.

Las hermanas organizan casas seguras para albergar a estas mujeres que han huido de la intimidación y las palizas. “Es el deber moral de todos proteger a sus madres y hermanas y luchar contra los problemas y las supersticiones vinculadas a la brujería”, añadía la misionera, anunciando la próxima apertura de una “Casa de la Esperanza”, dedicada a las víctimas de la violencia, donde las mujeres pueden refugiarse y recibir atención médica, acogida y protección.

Esta misionera suiza ha recibido reconocimientos por poner en peligro su vida por defender a mujeres acusadas de brujería. Una acusación que se basa en la falsa creencia de que todos los males son causados por espíritus y “maldiciones”, por lo que las “culpables” tienen que ser castigadas. La hermana Lorena Jenal, con el apoyo de toda la Iglesia de Papúa, ha intentado identificar las causas de la nueva y brutal oleada de esta “caza de brujas”, y hacer una labor de educación, mientras se enfrentaba a los verdugos y actuar ante la inacción de las autoridades estatales.

Y es que, como recoge el periódico vaticano, el gobierno de Papúa-Nueva Guinea no parece tomarse en serio este fenómeno. En 2013, tras un escándalo internacional provocado por los asesinatos de mujeres consideradas “brujas”, el Parlamento abolió la ley sobre brujería que databa de 1971. Aquella ley dividía la brujería en “buena” y “mala”, y consideraba como circunstancia atenuante, en los casos de asesinato, que la persona asesinada fuera sospechosa de ser bruja.

La hermana sostiene que sólo se podrá acabar con esta lacra si las instituciones de ayuda, los políticos, la policía y las escuelas se unen. Trabaja incansablemente contra estas violaciones de derechos humanos a través de programas de rescate, educación y actuaciones en el terreno. Se ha sumado a iniciativas en muchos otros países alrededor del mundo donde muchas personas corren peligro por esta nueva oleada de “caza de brujas”. Desgraciadamente Papúa-Nueva Guinea no es el único país donde sucede esto, en total son 29 los países afectados.

Según el misionero verbita Franco Zocca, que ha pasado años en una misión en Papúa y es profesor en el instituto melanesio de Goroka, en la lucha contra las creencias y prácticas de la brujería la contribución de la Iglesia – casi dos millones de católicos, alrededor del 27% de la población – es crucial. “La fe en el poder de Jesucristo”, subraya el misionero, “es el antídoto más poderoso para contrarrestar las creencias demoníacas”, pero también es necesaria “una respuesta nacional”.