OMPRESS-SIRIA (14-09-20) La mitad de los frailes franciscanos en Siria han pasado el covid-19, dos religiosos murieron, ninguno de ellos abandonó a su comunidad, continuando la misión desarrollada en los últimos siglos durante las epidemias de peste. El Servicio de Información Religiosa de la Conferencia Episcopal Italiana ha entrevistado al Custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Patton, que ha denunciado las sanciones “injustas” que impiden a los sirios encontrar medicamentos para su tratamiento.

407 franciscanos han muerto a causa de la peste desde 1619 hasta la actualidad. En las últimas semanas se han sumado a esta lista el P. Edward Tamer, de 83 años, con una vida dedicada a la escuelas las escuelas de la Custodia, que ha pasado 20 años en Alepo, en medio de la guerra, y el P. Firas Hejazin, con 49 años de servicio. Se estima que en el país árabe hay más de 3.400 casos de covid-19, 147 muertos y 997 hospitalizados. Números que muchos analistas dan por defecto.

Actualmente hay 15 frailes en Siria, en 9 parroquias, dos de ellas en la frontera con Turquía, en Knayeh y Jacoubieh, en el valle del Orontes, todavía bajo el control de las milicias yihadistas. “La mitad de los frailes en Siria”, dice el padre Francesco Patton, “contrajeron el virus y luego lograron recuperarse. Frailes que sacrificaron su vida para permanecer junto a los enfermos en tiempos de epidemia. Todos han optado por quedarse con la gente, sin abandonar a nadie”.

Como sucedió durante las grandes epidemias de peste de 1347 y 1370, la actividad de los médicos franciscanos en Tierra Santa fue decisiva, gracias al alto conocimiento de los frailes. La Custodia de Tierra Santa, de hecho, trajo frailes competentes en ciencia y medicina de Europa. Los médicos franciscanos eran muy apreciados por los lugareños y también por las autoridades musulmanas, como cuenta el relato del Gran Muftí de Jerusalén tratado por el médico del convento de San Salvatore, fr. Giovanni da Bergamo, o del Pasha de Acre, Muhammed al-Gezzar, quien muchas veces llamó a Francisco López, médico de Jerusalén.

Hoy, la medicina, donde llevan 10 años de guerra, es muy difícil también por las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, dice el Custodio de Tierra Santa: “El coronavirus es una de las muchas dificultades que enfrentan los sirios todos los días para sobrevivir. Baste decir que para encontrar medicinas, la población a menudo tiene que recurrir al mercado negro”.

Hoy estamos cerca de las personas con las parroquias que han continuado su actividad pastoral brindando apoyo material a través de una red. Las fraternidades se ocupan no solo de las pequeñas comunidades católicas que quedan, sino también de los musulmanes, muchos de los cuales son refugiados debido a la guerra. Con los franciscanos han permanecido junto a la población sufriente muchos otros institutos y congregaciones religiosas, como los salesianos, los jesuitas, las Hermanas de Madre Teresa, las Doroteas, las Hermanas del Rosario, las del Verbo Encarnado y otras. Muchos religiosos y religiosas, consagrados y laicos que son, dice el padre Francesco Patton, “el signo de la presencia de la Iglesia en este tiempo de sufrimiento”.