OMPRESS-ROMA (10-01-20) El Papa Francisco se dirigía ayer a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, con motivo de las felicitaciones de año nuevo. En su discurso hacía mención al flagelo del terrorismo y a la falta de libertad religiosa. “Duele constatar”, decía, “cómo continúan episodios de violencia contra personas inocentes, entre los que se cuentan muchos cristianos perseguidos y asesinados por su fidelidad al Evangelio, en particular en Burkina Faso, Malí, Níger y Nigeria. Exhorto a la Comunidad internacional a sostener los esfuerzos que estos países realizan en la lucha contra el terrorismo, que está ensangrentando cada vez más zonas enteras de África, así como otras regiones del mundo”.

Una mención del Papa que sigue a la publicación, por parte de la agencia Fides, de la tristemente tradicional lista de misioneros asesinados al cerrar el año. En el 2019 fueron asesinados 29 misioneros en todo el mundo, la mayoría de ellos sacerdotes: 18 sacerdotes, 1 diácono permanente, 2 religiosos no sacerdotes, 2 monjas y 6 laicos. Después de ocho años consecutivos en los que se registró el mayor número de misioneros asesinados en América, como hacía ver el Papa Francisco, África ocupa desde el 2018 el primer lugar en este sangriento ranking. Esta estadística coincide con el resurgimiento de la violencia yihadista, especialmente en El Sahel. En suelo africano, 15 misioneros fueron asesinados en 2019: 12 sacerdotes, 2 religiosos y 1 laico. En América, 6 sacerdotes fueron asesinados, 1 diácono permanente, 1 religioso, 4 laicos, con un total de 12 misioneros. En Asia, 1 laico fue asesinado, así como una monja en suelo europeo.

Como explica el dossier de Fides, la vida de muchos de estos misioneros se ha visto truncada por sucesivos intentos de robo o atraco en contextos sociales de pobreza y degradación donde la violencia es continua y la autoridad del Estado inexistente o demasiado debilitada debido a la corrupción. Por tanto, estos asesinatos no son una expresión directa del odio a la fe, sino que responden a un programa de “desestabilización social”. “El sacerdote y las comunidades parroquiales promueven la seguridad, la educación, los servicios de salud y los derechos humanos de los migrantes, de las mujeres y de los niños”, explicaba el director del Centro Católico Multimedia (CCM) de México, el padre Omar Sotelo Aguilar, SSP. La Iglesia local es, de hecho, “una realidad que ayuda a las personas y se pone así en competencia directa con el crimen organizado”, que sabe que eliminar a un sacerdote es mucho más que eliminar a una persona, porque desestabiliza a toda una comunidad.

Entre las misioneras y misioneros que han dado testimonio del Evangelio con su vida está la misionera española Inés Nieves Sancho, asesinada en la República Centroafricana, tras décadas dedicadas a formar a niñas y jóvenes, y el misionero salesiano César Fernández, asesinado de tres disparos durante un ataque terrorista en Burkina Faso.