OMPRESS-MOZAMBIQUE (7-09-20) Tras la alegría de que las hermanas Inés y Eliane estén sanas y salvas, tras 24 días de secuestro, la Cruz Roja Internacional alerta sobre la situación de millares de personas que huyen de la región de Cabo Delgado. “La gente cambia el peligro de un conflicto armado por el riesgo del covid-19. Llegan a Pemba exhaustos y traumatizados tras dejar atrás sus casas y prácticamente todas sus pertenencias”, informaba en un comunicado el jefe de operaciones de la Cruz Roja en la ciudad de Pemba, Raoul Bittel. Al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) le preocupa la situación de miles de personas que huyen de los ataques armados en la región norte de la provincia mozambiqueña de Cabo Delgado y buscan refugio en la ciudad de Pemba, expuestas al riesgo de contagio.

Según el funcionario, la ciudad es, a día de hoy, uno de los epicentros de la pandemia más preocupantes de Mozambique. “La mayoría de las personas desplazadas encuentran refugio con familiares, lo que representa una carga adicional para ellos y agrava las condiciones de hacinamiento que favorecen la propagación de la enfermedad, ya que la distancia física se vuelve imposible”, explica el representante de la Cruz Roja.

El presidente mozambiqueño, Filipe Nyusi, viajó a Pemba el 31 de agosto, para entrevistarse con el obispo diocesano, el misionero Luís Fernando Lisboa, ante la situación humanitaria de la zona. Fue el mismo obispo el que informó de que las hermanas Inês y Eliane, después de veinticuatro días desaparecidas, estaban sanas y salvas. Lo hacía en una declaración en la que recordaba el primer aniversario de la Visita Apostólica del Papa Francisco a Mozambique, y agradecía “sinceramente a todas las personas que nos acompañan en nuestras tribulaciones con oración y solidaridad. Esto nos consuela y muestra el rostro de un Dios misericordioso”. Y añadía que “nuestras hermanas Inês y Eliane, de la Congregación de San José de Chambéry, que trabajan en la parroquia de Mocímboa da Praia, después de veinticuatro días, ya están entre nosotros, sanas y salvas de nuevo. Juntos, elevemos un canto de acción de gracias a Dios”, escribía el misionero, “y sigamos orando por todos los que aún están desaparecidos, desplazados y sufriendo las consecuencias de la violencia y la guerra”.