OMPRESS-COSTA DE MARFIL (23-11-20) El pasado viernes los obispos del país hacían público un llamamiento en el que mostraban condena de toda violencia y su indignación ante quienes “han armado y alentado a los jóvenes con el objetivo fatal de matar a otros jóvenes”. Tras la reelección del presidente Ouattara el pasado 31 de octubre, las protestas y las tensiones sociales se han intensificado por el rechazo de la oposición a esta elección, al haber superado los dos mandatos que establece la constitución. Ha habido muertes y heridos y varios miles de marfileños han huido a los países vecinos. Todos tienen muy vivo el recuerdo de la breve guerra civil que causó 3.000 muertes en 2010 tras unas elecciones similares.

En el mensaje, los obispos del país ponen el dedo en la llaga al decir: “Como si la historia se repitiera, diez años después de una sangrienta crisis postelectoral, Costa de Marfil vuelve a ser escenario de una violencia extremadamente bárbara, que ha provocado numerosas pérdidas de vidas humanas”. Y es que “la situación actual era predecible. Es por ello que en varias ocasiones hemos hecho sonar las alarmas sobre las condiciones para nuestra convivencia pacífica y la organización de elecciones justas, transparentes e inclusivas”. Porque, “el respeto a la ley es más importante que las elecciones; no basta con organizar unas elecciones y declarar un ganador para que haya paz”.

Animan los prelados de Costa de Marfil, a los dos principales líderes políticos del país, Alassane Ouattara y Henri Konan Bédié, a “continuar e intensificar, de forma clara, el diálogo que ellos mismos iniciaron en el gran satisfacción del pueblo, con el objetivo de lograr la armonía nacional, con soluciones justas que salvaguarden y promuevan el bien común”.

Es peligroso creer, dicen, “que los problemas políticos no pueden resolverse con la razón, es decir, con conversaciones fundadas en la verdad, el derecho, la justicia y la equidad, sino sólo mediante la fuerza que siembran el terror y la muerte”. La paz “es sólo una palabra sin sentido, si no se funda en un orden que se fundamenta en la verdad, se construye según la justicia, recibe de la caridad su vida y su plenitud, y finalmente se expresa eficazmente en libertad”, concluyen.