OMPRESS-VENEZUELA (13-01-21) “Sufrimos en nuestro país las nefastas consecuencias de un modelo económico, impuesto por un régimen y una ideología de corte comunista que nos ha empobrecido a todos, especialmente a los más débiles”, dicen los obispos venezolanos en su exhortación pastoral “Ante la gravísima situación del país”.

“El mundo vive momentos de turbulencia, desconcierto y desasosiego debido a la actual emergencia de salud”, dicen los obispos. “Somos testigos de cómo naciones enteras ven trastocadas sus fuerzas, sueños y proyectos. Estos son tiempos en que la prudencia, la articulación de ideas y el cuidado de unos a los otros, juegan un papel determinante en la sociedad. La presente pandemia ha demostrado que pese al desarrollo, la inteligencia y la creatividad humana son limitadas”. Pero también, reconocen, se han podido comprobar los “grandes esfuerzos para manifestar la solidaridad, el servicio y la mutua preocupación a través del profesionalismo y la vivencia de la vocación cristiana a la santidad en la caridad. Un ejemplo claro de esto último lo hallamos en tantos médicos, enfermeras, personal de salud y voluntarios quienes con una altísima dosis de heroísmo han estado del lado de los más necesitados y de los enfermos contagiados por la pandemia”.

A esta situación se añade que Venezuela sufre “las nefastas consecuencias de un modelo económico, impuesto por un régimen y una ideología de corte comunista que nos ha empobrecido a todos, especialmente a los más débiles. Y, por otro lado, vemos a un grupo minoritario de venezolanos que se va enriqueciendo en detrimento de la mayoría de la población. Padecemos los desaciertos de un mal llamado ‘Plan de la Patria’, que pretende imponer leyes para ir creando el estado comunal. El mismo está dirigido por personas que no asumen la responsabilidad y la ética que emanan de ser gobierno, que debe promover el desarrollo, el progreso y bienestar de todos los ciudadanos, y a no propiciar calamidades y ruina a la nación”.

El tema de los derechos humanos es especialmente preocupante, reconoce el documento: “Quienes los exigen se convierten en víctimas de persecución y descalificación violenta y opresora, del acoso y extorsión a personas particulares sin tener a donde recurrir para denunciar las múltiples faltas. Los informes de la Alta Comisionada de la ONU, para los Derechos Humanos, Michelle Bachellet, en junio de 2019, de la Misión especial de la ONU, investigadora de este tema, emitidos el 15 de septiembre de 2020, y el informe de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de La Haya, el 14 de diciembre de 2020, están basados en un gran número de expedientes de torturas y asesinatos que señalan crímenes presuntamente cometidos por funcionarios del actual gobierno”.

“Es notorio”, denuncian los obispos venezolanos, “cómo se ha deteriorado la calidad de vida, educación, salud, y servicios básicos; padecemos una inflación indetenible y una devaluación que ha empobrecido a toda la población. Todo esto ha llevado al aumento de la migración forzada, que en vez de ser protegida, es objeto de vejación por los agentes policiales y militares a lo largo del camino. Esta migración es la prueba más evidente del gran fracaso de las políticas públicas (económicas y sociales) ejecutadas por el Gobierno. Cuando los hijos de una nación deciden abandonar su país, es porque, asediados por la precariedad, han llegado a una situación límite en la que no les queda más camino que asumir el reto y el riesgo de enfrentar lo desconocido, hasta el punto de arriesgar su vida y la de su familia como recientemente ocurrió con la dolorosa tragedia del naufragio de muchos venezolanos en las costas de Güiria. Hay que defender la proclamación de un nuevo derecho humano, propuesto por el Papa Francisco en la Carta Encíclica “Fratelli Tutti”, como es el Derecho a No Emigrar. Todo País debe ofrecerles a sus ciudadanos las condiciones mínimas para su desarrollo y el de su familia, para no abandonar su tierra, sus seres queridos, su entorno cultural y sus querencias”.

Por todo ello, “acompañando e interpretando el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, volvemos a insistir que el país necesita un cambio radical en la conducción política, lo cual requiere por parte del Gobierno, la suficiente entereza, racionalidad y sentimiento de amor al país para detener este mar de sufrimiento del pueblo venezolano; y la urgente disposición a fin de encontrar el camino legal y pacifico más expedito, que facilite una transición democrática y nos lleve cuanto antes a unas elecciones Presidenciales y Parlamentarias en condición de libertad e igualdad para todos los participantes y con acompañamiento de Organismos Plurales. Somos conscientes de que estamos pidiéndole al gobierno un acto de valentía; pero esto es preciso por el bien del pueblo, especialmente de los más pobres. Así los venezolanos nos reencontraremos como hermanos y construiremos una Venezuela prospera para todos”. Un modelo de servicio y opción por los pobres, de honestidad y responsabilidad en el ejercicio de la profesión y testigo de la fe en Jesucristo es el Dr. José Gregorio Hernández, que será beatificado este año, “un evento significativo, sino como la ocasión para el encuentro que ha de perdurar y que debe tener un claro objetivo: refundar a Venezuela con los principios de la nacionalidad inspirados en el Evangelio”.

“Como pastores de la Iglesia venezolana”, concluye, “invitamos al pueblo a mantenerse fortalecidos en Dios. Por ello invitamos al país a una Jornada Nacional de Oración y Reflexión el día 2 de febrero de 2021, de manera que nuestras plegarias fortalezcan la fe y la esperanza y nos alcancen de Dios que podamos resolver nuestros conflictos de manera pacífica, en una sociedad donde nos reconozcamos unos a otros como hermanos”.