OMPRESS-MADRID (21-11-19) Acaba de publicarse la biografía “Manuel de Unciti, misionero y periodista”, en la Editorial San Pablo. Se trata de un interesante recorrido por la vida del que fuera durante tantos años director y alma de las publicaciones de las Obras Misionales Pontificias en España. Sacerdote, periodista, formador de periodistas, comprometido en la acción misionera de la Iglesia… en este libro, escrito por el también periodista Juan Cantavella se puede conocer a Manuel, un sacerdote de pluma ágil y comprometida, quien siempre optó por una Iglesia abierta a la universalidad y volcada en la defensa de los débiles. Realizó una encomiable labor al frente de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol. Durante más de tres décadas fue director de las revistas de las Obras Misionales Pontificias Pueblos del Tercer Mundo e Illuminare, articulista habitual en publicaciones como El Correo, Ya, Razón y Fe o Ecclesia, además de tertuliano habitual en alguna cadena de Radio. Publicó libros como Sangre en Argelia, África en el corazón, Amaron hasta el final o Teología en vaqueros.

Otra gran intuición de Unciti fue la fundación de la Residencia Azorín, cuna formativa de varias generaciones de periodistas cristianos. A ella dedicó redoblados esfuerzos, posibilitando que varios centenares de jóvenes periodistas pudieran ser acogidos y acompañados con especial dedicación y ternura, por el gran maestro.

El prólogo ya nos dice que esta biografía es más que una concatenación de los hechos de una vida: “Si habláramos de entrega y de disponibilidad en Manuel de Unciti, de conciencia de su misión y de generosidad absoluta de tiempo y de dinero; si habláramos de consumir la vida al servicio de la Iglesia y de cuantos le rodeaban, entonces tendríamos que concluir que la providencia nos puso al lado de un sacerdote que fue maestro y ejemplo permanente en muchos órdenes de la vida. Por eso su huella es imborrable y por eso quisiéramos transmitir sencillamente lo que fue su existencia, porque ahí podemos ver reflejado su deseo de cumplir la voluntad de Dios para ser testigo de su misericordia, transmisor de su mensaje y colaborador en la transformación del mundo”.