OMPRESS-BURUNDI (3-07-19) “Mártires de la fraternidad”, un nombre que engloba la primera causa de canonización que se abre en Burundi. Una causa que se abría el pasado 21 de junio en la Catedral de Bururi, en el suroeste de este pequeño país, de manos de su obispo, Mons. Mons. Venant Bacinoni. En este grupo de mártires de la fraternidad están incluidos los 40 seminaristas asesinados en Buta, el primer mártir, el sacerdote burundés Michel Kayoya, y los dos misioneros javerianos Ottorino Maule y Aldo Marchiol, además de la voluntaria Catina Gubert.

Michel Kayoya fue asesinado el 17 de mayo de 1972, tras una vida dedicada a promocionar la Iglesia y una sociedad libre en Burundi, con la fundación del Centro Cultural de Buyogama, la promoción de la Acción Católica y la creación de cooperativas. Con una personalidad arrolladora, fue párroco, rector de seminario, ecónomo en la diócesis de Muyinga, creó un órgano de animación para los sacerdotes, la Union du Clergé Incardiné, que sigue hoy con sus actividades. Fue arrestado por el ejército y asesinado, no antes de haber cantado el Magníficat y haber dirigido palabras de perdón a los soldados que le iban a fusilar.

Los 40 seminaristas del seminario de Buta fueron asesinados el 30 de abril de 1997. Fue la terrible época del “genocidio” que asoló Ruanda, parte del Congo y Burundi. Dos razas, los hutus y los tutsis, que habían vivido durante siglos en la misma zona, comenzaron a exterminarse unos a otros. Aquel día se presentó un numeroso grupo armado ante el seminario. Pidieron a los seminaristas que se separaran entre hutus y tutsis. Tras reunirse y sabiendo lo que les esperaba, los seminaristas se negaron de modo rotundo y valiente. Jamás los separarían y así la sangre de dos razas enfrentadas se derramó por amor.

Los dos misioneros javerianos, Ottorino y Aldo, y la voluntaria Catina fueron asesinados en su misión de Buyengero, entre las montañas que dominan el lago Tanganika. Los tres murieron con un tiro en la cabeza. El obispo de Bururi de aquel entonces, Mons. Bernard Bududira, dijo en su funeral: “El asesinato de los padres Ottorino y Aldo y de Catina Gubert es una verdadera vergüenza es un acto que atrae la maldición sobre quienes actúan bajo el impulso del odio. Pero no caigamos nosotros en la trampa del odio y del a división; los padres Maule y Marchiol nos impidieron siempre seguir el camino de la confrontación. Os invito a rezar a Dios nuestro Padre para que podamos imitar el ejemplo de nuestros amigos que acaban de ser masacrados en nuestro suelo”.