OMPRESS-IRLANDA (18-06-20) Ante el Día Mundial del Refugiado, del próximo sábado, la ONG católica irlandesa World Vision Ireland publicaba estos estremecedores datos sobre el matrimonio infantil y las innumerables lacras que conlleva. Se trata de una realidad, señalan, que tiene relación directa con la mortalidad materna e infantil, normalmente porque las niñas no están físicamente preparadas para dar a luz.

Worl Vision Ireland ha documentado el caso de Benesh, la novia de un niño de 14 años de Afganistán, que se “casó” a la edad de 11 años, después de que su padre la vendiera por 3.000 dólares a su “esposo”. Quedó embarazada a los 12 años, pero no sabía qué significaba estar embarazada y tener náuseas matutinas. “Nunca me dijeron cómo te quedabas embarazada. Estaba asustada. No sabía lo que me estaba pasando, no sabía por qué me sentía tan mal todo el tiempo”. Ahora tiene un hijo de 18 meses llamado Besmelah y está embarazada de su segundo hijo. El Fondo de Población de las Naciones Unidas estima que en los próximos dos años, “se casarán” cuatro millones de niñas como Benesh. Más de un tercio de las niñas del mundo en desarrollo se casarán antes de cumplir los 18 años, en muchas ocasiones, una forma de que su familia empobrecida logre un ingreso económico. En Afganistán, el matrimonio infantil es una tradición cultural ampliamente aceptada. Es una de las principales razones por las que 2,2 millones de niñas afganas no van a la escuela. En África subsahariana, el 35 por ciento de las mujeres jóvenes se casan antes de los 18 años. En Asia meridional, casi el 30 por ciento de las niñas se casan también antes de los 18.

Fiona O’Malley, de World Vision Ireland, explicaba que CEDAW, la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer, recoge el derecho a la protección contra el matrimonio infantil. El artículo 16.2 establece: “No tendrán ningún efecto jurídico los esponsales y el matrimonio de niños y se adoptarán todas las medidas necesarias, incluso de carácter legislativo, para fijar una edad mínima para la celebración del matrimonio y hacer obligatoria la inscripción del matrimonio en un registro oficial”. Además, la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce que el consentimiento no puede ser “libre y pleno” cuando una de las partes involucradas no es lo suficientemente madura como para tomar una decisión informada sobre su compañero de vida. Según Fiona O’Malley, la legislación es un paso importante para terminar con el matrimonio infantil, pero “tiene que reforzarse con programas de extensión comunitaria y mantener a las niñas en la escuela el mayor tiempo posible, para ampliar sus horizontes”.