OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (6-11-18) 508.505 expulsados de Angola hacia la República Democrática del Congo. Todos congoleños. Es la cifra del número de personas que a fecha 27 de octubre había contabilizado Caritas Congo. Muchas de ellas hablaban de la violencia que habían sufrido.

Los obispos del Congo han hecho un comunicado para denunciar esta verdadera riada de personas que en su momento abandonaron su propio país para buscar un futuro mejor y más pacífico en Angola. Hablan de oleadas sucesivas de personas. Miles de niños, mujeres, ancianos, personas discapacitadas, hombres… “Llegan a zonas de alta inseguridad donde no hay suficiente capacidad de alojamiento para que puedan recuperar algo de dignidad”, dice el comunicado.

Muchos deportados dicen que han sido objeto de abuso y graves violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de orden público de Angola. “Sin saber cómo abandonar la frontera ni adónde dirigirse, la mayorías de estas personas vagan por las aldeas situadas a lo largo de la frontera donde son acogidas por personas de buenas voluntad. Muchas son acogidas en los locales de las iglesias, en las escuelas y en los pocos edificios públicos existentes. Careciendo de espacio suficiente, otros acampas en refugios improvisados donde pasan la noche bajos las estrellas”, señalan los obispos congoleños. Apuntan también que esta situación amenaza la paz entre los dos países africanos que comparten más de dos mil kilómetros de frontera.

A los católicos y a las personas de buena voluntad, les piden lo que ya está haciendo la Iglesia, no sustraerse al deber de la caridad hacia los hermanos y hermanas que vuelven de Angola. Al gobierno del Congo le piden que dialoguen con el gobierno de Angola, para que se cumpla el derecho humanitario internacional. También le piden que haga todo lo que esté en su mano para asegurar la acogida y unas condiciones de vida dignas para estas personas.

El comunicado también tiene palabras para la Unión Africana, para que medie entre ambos países, algo que también piden a la comunidad internacional, a la que piden que se movilice para llevar ayuda humanitaria a estas personas expulsadas de Angola, “cuyas condiciones de vida constituyen una injuria a la dignidad humana”.

 

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