OMPRESS-ROMA (18-12-20) Se acaba de hacer público el Mensaje del Papa Francisco para el próximo 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz, en el que habla de la “gramática del cuidado”: promoción de la dignidad de toda persona humana, solidaridad con los pobres y los indefensos, preocupación por el bien común y salvaguarda de la creación.

El mensaje no podía dejar de lado la gran crisis sanitaria actual, “un fenómeno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias”. Constata el Papa con dolor que “lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción”.

Acude el Papa Francisco a la Sagrada Escritura: “En el relato bíblico de la creación, Dios confía el jardín ‘plantado en el Edén’ a las manos de Adán con la tarea de ‘cultivarlo y cuidarlo’”. Estos verbos “describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación”. Y recordando un texto de la encíclica Laudato sí, explica que “en estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás”.

Jesús, dice el mensaje, “se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jesús era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas; era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él. En la cúspide de su misión, Jesús selló su cuidado hacia nosotros ofreciéndose a sí mismo en la cruz y liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. Así, con el don de su vida y su sacrificio, nos abrió el camino del amor y dice a cada uno: ‘Sígueme y haz lo mismo’”.

De ahí que el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva fueran las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo. De ahí también que las crónicas de la historia reporten innumerables ejemplos de la labor de la Iglesia durante siglos que puso en acto estas obras de misericordia, con “numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para niños, refugios para peregrinos, entre otras”.  A través de este servicio la Iglesia artículo una “gramática” del cuidado: “la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación”. El Papa Francisco invita a tomar en mano la “brújula” de estos principios “para dar un rumbo común al proceso de globalización, un rumbo realmente humano”, y anima a que, “a través de esta brújula”, todos nos convirtamos “en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales”.

El mensaje continúa constatando que “lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad”. Las causas de esto son muchas, pero “el resultado es siempre el mismo: destrucción y crisis humanitaria. Debemos detenernos y preguntarnos: ¿qué ha llevado a la normalización de los conflictos en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón y cambiar nuestra mentalidad para buscar verdaderamente la paz en solidaridad y fraternidad?”. La respuesta está en “la promoción de la cultura del cuidado” y requiere un proceso educativo que tenga la “brújula de los principios sociales”, arriba mencionados. Una educación para el cuidado que ha de nacer “en la familia, núcleo natural y fundamental de la sociedad”, con la que han de colaborar “la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicación social”. A estos suma el papel insustituible de las religiones en general y de los líderes religiosos en particular, “en la transmisión a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas más frágiles”.

La cultura del cuidado es un camino para construir la paz, porque “en muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia”. Por eso, concluye el Papa, debemos comprometernos cada día en “formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros”.