OMPRESS-ROMA (25-02-20) Sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes. Eso es lo que significa, según el Papa Francisco, poner el Misterio Pascual en el centro de nuestras vidas y que se recoge en su mensaje para esta Cuaresma.

El Papa recuerda lo esencial: “La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerigma”. Por eso, recoge en este mensaje lo que ya escribió en la Exhortación apostólica Christus vivit: “Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez”.

La experiencia de misericordia que se destila del misterio de la muerte y resurrección de Cristo nos debe llevar, dice el Papa Francisco a “un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo”.

“Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa”, explica el Papa, “sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría”.

“Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo”, y habla de ir más allá, y llegar a las dimensiones estructurales de la economía.

El mensaje termina exhortando a fijar “la mirada del corazón en el Misterio pascual” a tener “un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo.