OMPRESS-VENEZUELA (15-09-20) El misionero escribe desde Barquisimeto, contando la labor de su comunidad de Orionistas, la congregación conocida como la Pequeña Obra de la Divina Providencia, una providencia que en los tiempos actuales es más necesaria que nunca.

“Soy Miguel Ángel Bombín González, sacerdote y religioso Orionista, de la Pequeña Obra de la Divina Providencia Don Orione. Nacido en Villaescusa de Roa hace 58 años. Acabo de cumplir 30 años de sacerdote, de los cuales 21 acá en Venezuela. Pertenezco a una congregación religiosa que aquí en Venezuela lleva adelante una obra asistencial con personas con discapacidad en Barquisimeto: 2 centros para niños y jóvenes con discapacidad profunda; el Hogar de niños impedidos, HONIM, y El Pequeño Cottolengo, además la parroquia Guadalupe, de la que soy párroco desde hace 13 años. Estoy aquí con otros dos religiosos españoles, un maño y otro burgalés también, de Melgar de Fernamental, Teófilo Calvo.

Hemos vivido estos años el deterioro progresivo a todos los niveles en Venezuela, deterioro de instalaciones, instituciones, ciudades, deterioro de la convivencia, de los valores, de la vida cotidiana… hoy vivir en Venezuela es un desafío. En los últimos 5 años la calidad de vida se ha deteriorado de una manera impresionante y difícil de creer y a esto añadimos la crisis del coronavirus que ha venido a acentuar más la degradación de la vida y el sufrimiento de la gente, especialmente de la gente de menos recursos. Nosotros estamos bien de salud y la Providencia no nos falta, tanto para la comunidad como para las obras que tenemos.

Desde hace 5 años con la progresiva degradación de la vida, y de acuerdo a las sugerencias de la Conferencia Episcopal, dimos prioridad tanto en las parroquias como en los centros a los programas de alimentación y de salud, y desde la Cáritas parroquial promocionamos algunos programas apoyados desde España. En la parroquia surgieron varios consultorios médicos y un pequeño banco de medicinas que progresivamente ha sido vital y salvado muchas vidas, dado el deterioro y la falta de recursos y soluciones de los medios públicos hospitalarios en Venezuela. En alimentación dimos prioridad al apoyo nutricional a niños y niñas, mujeres embarazadas, ancianos y familias más frágiles: olla comunitaria todos los domingos para 300 personas, desayuno para ancianos y gente en situación de calle dos días en la semana, y merienda para los niños cuatro días a la semana, y un apoyo nutricional además para 25 ancianitos en situación crítica.

Con la llegada de la cuarentena tuvimos que remodelar estos programas pero lo llevamos adelante llevando la comida a las casas, 2 días en semana, la olla comunitaria para casi 350 personas, y otro día más, los viernes, un desayuno para 130 niños. Cada día la necesidad es más grande y esto es un granito pero significativo y valioso. Con el voluntariado de Obra Don Orione estamos también llevando comida y medicinas a los privados de libertad en los centros de detención provisional (comisarías), donde hay amontonados cientos de detenidos en situaciones lamentables; vamos también al vertedero municipal de las afueras de la ciudad y a un centro de atención psiquiátrica estatal con poca y escasa atención alimentaria… ‘Pobres que ayudan a otros pobres’, cuidando la dignidad y la vida en un país donde la muerte no es noticia por la inseguridad y por tantos fallecimientos por escasez de medicinas y de recursos para vivir. Y a esto se añade la escasez de gas y de agua, los cortes diarios de energía eléctrica y en estos momentos la grave escasez de combustible… Vivir acá, es adrenalina pura, cada día una aventura. Con la cercanía de mucha buena gente, generosa y colaboradora, y de la manos del Dios de la Vida, que cuida de sus pequeños, seguimos adelante… Un saludo, y espero que les sirva como referencia de lo que vivimos por Venezuela. Ave María y adelante”.