OMPRESS-BURKINA FASO (17-05-19) Un misionero que no ha querido revelar su nombre escribe sobre la situación de la población en Burkina Faso. Firma simplemente con “Un misionero español del Sahel, refugiado”:

“Pocas personas saben en España lo pasado el domingo 12 de mayo en la localidad de Dablo, norte del Burkina a las 9 de la mañana: Más de 50 dhijadistas montados en 27 motos, llegaron a toda velocidad. Un grupo de ellos quemó dos bares, otro prendió fuego a la ambulancia del dispensario y robó las medicinas y el resto se fue a la iglesia. Allí comenzaba la misa y empezaron a tirar al aire. La gente huía, pero entraron y cerrando las puertas pidieron que nadie se moviera. Preguntaron por los responsables. Se presentó el joven sacerdote Simeon Ñampá y otros 5 hombres, entre ellos el que tocaba el tam-tam. Les hicieron tumbarse y les dispararon sin piedad. Al salir quemaron los libros de la coral y de la sacristía.

Esta barbarie no es de ayer. Ya desde el año 2105 gendarmes, policías, escuelas etc. sufrieron los primeros ataques de los islamistas radicales en la zona del Sahel. En el año 2016 el grupo djihadista «Ansarul Islam» reivindicó varios ataques contra los militares, uno de ellos causando 12 muertos. En el 2017 hubo un total de 54 ataques, con 62 víctimas mortales. Y todas las escuelas de la región cerradas.

Pero esto no es comparable a lo que ha pasado el año 2018 y en lo que llevamos de año 2019. De Djibo las acciones terroristas se han desplazado hacia Arbinda. Todos los pueblos de estas dos localidades han sufrido ataques de los terroristas con numerosas víctimas. De ello ha surgido una reacción a través de grupos de autodefensa y después de Navidad ha habido matanzas, de hasta doscientas personas, muchas de ellas inocentes. El Presidente y el Cardenal se desplazaron al lugar.

Esto ha sembrado el pánico en la población que ha huido y abandonado sus pueblos, que están vacíos. La gente se ha refugiado en lugares donde hay gendarmes, creando una situación humanitaria muy difícil, pues llegaron con las manos vacías y el problema del agua, en esta época de calor, es acuciante. Si el año pasado fue secuestrado un catequista y un pastor protestante, este año, en marzo ha sido el párroco de Djibo quien ha sido hecho prisionero cuando venía de visitar un pueblo y a día de hoy nada se sabe de su paradero.

Más de mil escuelas y colegios en todo el Sahel siguen cerrados, pues los terroristas no quieren que se enseñe el francés: Que se enseñe el árabe y el Corán. ¿Pero se puede obligar a toda la población a convertirse al Islam?

La guerra terrorista ha abierto un nuevo frente desde el Viernes Santo pasado, atacando las iglesias. Ese día entraron en la capilla de un pueblo de Arbinda, repleta de gente que hacía en Viacrucis. Los terroristas hicieron salir a mujeres, niños y ancianos, y dispararon a los 4 ó 5 hombres que quedaban en su interior, quemando después un colegio en construcción. Dos semanas más tarde los protestantes sufrieron otro ataque durante el culto, con 6 muertos.

¿Dónde vamos? Esperamos que con la estación de lluvias que llega, los ataques disminuyan por la dificultad de los terroristas a desplazarse sobre pistas inundadas. ¿Pero después? Y, ¿cómo los refugiados podrán cultivar sus campos? ¿Qué cosecha tendrán? Dos cosas me parecen necesarias:

1) Que los españoles de buena voluntad sigan ayudando al Domund, a Cáritas y Manos Unidas, que ayudan a los refugiados, y que a través de proyectos de desarrollo consiguen la convivencia de musulmanes y cristianos. Los terroristas quieren la guerra entre musulmanes y cristianos. No lo conseguirán pues seguimos luchando por el respeto mutuo y la convivencia, como recordó un obispo burkinabé el día del entierro de las víctimas.

2) Que cultivemos la paz, que es un don que hay que pedir a Dios en la oración. La paz en las familias y en la sociedad.

¿Cómo pedir a los musulmanes que hagan la paz si nosotros les recibimos con cuchillos y malas palabras?”.

 

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