OMPRESS-ETIOPÍA (30-11-20) Desde el terreno los misioneros cuentan la triste realidad de Etiopía, atrapada entre las garras del conflicto en Tigray, el coronavirus y la invasión de langostas que provocan el hambre. La revista de las Obras Misionales Pontificias de Italia, Popoli e Missione, recoge el testimonio de misioneros italianos y kenianos en la zona que cuentan que el gobierno de Abiy Ahmed, Premio Nobel de la Paz 2019, no logra que la nación vuelva a revivir. La población está agotada por la pobreza. Y para hacer frente a la pandemia, no existe un sistema de salud adecuado.

Son tres las amenazas: la pandemia de Covid-19 en Etiopía se acerca a los 106.000 casos y ha causado 1.651 muertes; la guerra civil entre el gobierno central y la región autónoma de Tigray que ha alcanzado proporciones regionales; y finalmente el regreso de langostas que amenazan al 80% de los cultivos en el norte del país.

Es precisamente el norte del país el que está en jaque, como cuenta el padre Angelo Regazzo, misionero salesiano en Addis Abeba, preocupado por la suerte de sus hermanos en Makalle y otras zonas del norte. La región de Tigray, en la frontera con Sudán y Eritrea, está aislada del resto de Etiopía desde el 4 de noviembre. Se cortaron las líneas telefónicas y se interrumpieron las rutas de conexión. Ahora se está a la espera de que expire el ultimátum lanzado por Abiy Ahmed al líder disidente del Frente de Liberación Popular de Tigray para que se rinda. Pero parece que los rebeldes no tienen intención de deponer las armas y detener la revuelta. “Hay cuatro comunidades salesianas en peligro en el norte”, explica el padre Regazzo a Popoli y Missione. “Una está en Mekele, otra en Adwa, y en Shire y Makalle. Las comunicaciones están interrumpidas, pero algunos de nosotros hemos sabido a través de breves conversaciones por satélite que la situación es muy mala para ellos. Nuestros hermanos apenas pueden encontrar comida para alimentarse todos los días y tienen con ellos una treintena de aspirantes a estudiantes en misión, que no han podido enviar a casa y que viven allí. Los otros son hermanos que vendiendo una cosa u otra logran encontrar al menos algo para comer. Debo decir que no les va bien: algunos también han sido atacados por ladrones que se llevan todo, incluso las ruedas de los coches”.

Hablando de este conflicto Beppe Magri, colaborador del Centro Unitario Misionero de Verona y misionero laico durante muchos años en Etiopía, explica que “parte de los arsenales mejor surtidos del ejército federal están en manos de las fuerzas de seguridad de Tigray”. Las declaraciones del recién electo presidente de Tigray, Debretsion Gebremichael, son muy preocupantes. “Todo esto no da esperanzas de una solución rápida al conflicto que corre el riesgo de involucrar también directamente a otros países vecinos”. La guerra da miedo, porque muestra tendencias regionales, involucrando también a Eritrea, que ha sido atacada en los últimos días con cohetes contra el aeropuerto de Asmara. Asusta, sobre todo, una nueva crisis humanitaria, tras haber escapado de una guerra de veinte años con Eritrea: “los desplazados están huyendo ahora a Sudán y existe el riesgo de una crisis humanitaria”, dice Magri.

Los misioneros italianos que se encuentran en Addis Abeba, explican que “estábamos muy contentos con la gestión de Abiy, es un hombre de unidad y paz. Y no fue sólo una impresión”. Lo dice la hermana Veronica Mburu, comboniana keniana y superiora general en Etiopía. “Nuestras hermanas tienen familias en Tigray y no logramos saber de ellas, porque todo está bloqueado. Ha sido un susto para nosotras”, dice sor Verónica. “Las combonianas también estamos presentes en el suroeste, en Mandura, hay seis hermanas, aquí hay mucha inseguridad. Incluso antes de la crisis de Tigray había grupos rebeldes que atacaban a civiles. Atacan, roban y escapan”.

En las partes no afectadas por el conflicto, que por el momento se limita a Tigray, sigue la pobreza extrema, con la amenaza de las langostas a los cultivos, y el covid. El país todavía está en semi confinamiento y las escuelas están cerradas; las fábricas están abiertas pero la pandemia ha afectado a la capacidad productiva y económica de Etiopía.

Además de los salesianos, en el país están presentes las hermanas combonianas de la Emmaus Haus, los padres combonianos de Addis Abeba y un sacerdote Fidei Donum de Padua, el padre Nicola de Guio, en la diócesis de Robe, que reemplazó al padre Peppe Ghirelli y que continúa su misión junto a Don Stefano Ferraretto y la laica Elisabetta Corà. Nicola de Guio ha vuelto temporalmente a Italia debido a la pandemia y cuenta que “el virus llegó a Etiopía a mediados de marzo y las medidas fueron las de cierre, prevención y atención. Es un país que tiene menos equipamiento médico que Europa, por supuesto, y no se hacen muchas tests. Somos 107 millones de personas y se hacen 7-8 mil tests al día. Sin embargo, se observa que el virus contagia y se propaga sobre todo en las grandes ciudades, también debido a la dificultad de mantener las distancias”.