OMPRESS-PARMA (23-03-20) En Parma, como en tantas familias, se llora también en las familias religiosas. 17 consagrados son llorados en esta ciudad italiana. “Estamos bajo esta enfermedad, bajo este virus. Y nuestra diócesis está sufriendo un alto precio en términos de víctimas de sacerdotes. Hemos tenido 6 sacerdotes fallecidos, 10 padres javerianos, 1 padre estigmatino”, cuenta el obispo de Parma, Mons. Enrico Solmi, en un vídeo para TG 2000, la televisión de la Conferencia Episcopal Italiana.

Los sacerdotes eran párrocos de la diócesis de Parma. Los diez religiosos javerianos eran ancianos y enfermos, y murieron en pocos días en la casa madre de esta congregación misionera, en Parma. Se trata de misioneros que gastaron su vida en Burundi, Congo, Indonesia, Japón y Brasil. Son muchos. Diez muertes en 12 días es ciertamente una cifra muy alta. “No se puede decir que es coronavirus porque no se han realizado pruebas. No se tomaron muestras, no se hizo nada por el estilo. Excepto en un hermano de quien todavía no conocemos los resultados”, cuenta el padre Rosario Giannattasio, superior de los Misioneros Javerianos en Italia. Cuenta también que se ha ingresado a otro misionero más en el hospital con falta de oxígeno en la sangre.

Estos misioneros fallecidos se unen a las siete misioneras combonianas fallecidas la semana pasada en Bérgamo, también ellas ancianas, tras una vida dedicada a la misión en África. “También en esta hora difícil para Italia y para el mundo, la comunidad comboniana de Bérgamo, la más golpeada por el coronavirus, vive la experiencia del dolor en el ofrecimiento de la propia vida”, escribía Sor Luigina Coccia, la superiora general de esta congregación misionera.