OMPRESS-ITALIA (17-03-21) El próximo 24 de marzo, aniversario del asesinato de San Óscar Romero, se celebra en Italia la Jornada de los Misioneros Mártires, que tiene como protagonista este año al padre Maccalli, secuestrado durante dos años en Níger, y del que se presenta un documental que ilustra esta celebración. Hace 41 años, el 24 de marzo de 1980, era asesinado durante la Misa, el arzobispo de San Salvador, Mons. Óscar Romero, como este santo, centenares de mujeres y hombres en todo el mundo siguen fieles al mensaje de paz y justicia hasta dar la vida. Estos son los protagonistas de las Jornada organizada por la Fondazione Missio, las Obras Misionales Pontificias en Italia.

Este año lleva como lema “Vidas Entrecruzadas” porque los testigos de la fe cristiana han percibido la presencia de Dios en sus vidas, por ellos, abrazan la misma suerte de los perseguidos, de los más pobres y de los más pequeños. Entrelazan su vida con la del Padre y la de los hermanos, eligiendo el mismo destino: no la muerte, sino la vida eterna. “Lo que nos dejan como legado los misioneros mártires es la invitación a redescubrir la belleza que habita este mundo”, explican desde la Fondazione Missio, porque “toda criatura es un inmenso templo de Dios en la Tierra, capaz de acoger, escuchar y curar heridas”.

Con motivo de este Día de los Mártires Misioneros, se ha preparado un documental con una serie de entrevistas con misioneros, en la que destaca la del padre Pierluigi Maccalli, secuestrado por extremistas islámicos en el Sahel durante dos años, del 17 de septiembre de 2018 al 8 de octubre de 2020. Su secuestro marcó al mundo misionero, especialmente al vinculado a la Sociedad de Misiones Africanas, institución a la que pertenece.

El misionero relata una experiencia dura, a veces dramática: “Te das cuenta de que lo único es resistir para existir”. Y confiesa: “descubres que lo esencial es el shalom, la armonía entre los pueblos… el evangelio, la fe desnuda… La misión es encontrar al hombre, vivir la fraternidad”. Este misionero, como tantos y tantos, no es sino un testigo de una “Iglesia de las periferias”,