OMPRESS-ETIOPÍA (26-11-20) Misiones Salesianas ha informado de la situación de violencia que se vive en Tigray, en el norte de Etiopía y del hecho que llevan tres semanas sin noticias de los 25 salesianos que trabajan en cuatro presencias en esta zona del país: Mekelle, Adigrat, Shire y Adwa.

La situación de violencia en el norte de Etiopía se suma a las consecuencias de la pandemia, a las plagas de langostas y a las inundaciones sufridas en muchas zonas durante este año. “Nos enfrentamos a un momento muy difícil en el país. El confinamiento ha hecho que muchas personas sufran la falta de alimentos, de materiales sanitarios… y ahora que las escuelas estaban reabriendo sus puertas, el conflicto entre el gobierno federal y el de la región de Tigray complica la supervivencia y se ven obligadas a huir a Sudán”, explica el salesiano que coordina la Oficina de Planificación y Desarrollo (OPD) en Etiopía.

La preocupación internacional se centra ahora en la situación del medio millón de personas que vive en la capital de Tigray. También, en el número indeterminado de víctimas que hay y en las más de 200.000 personas que podrían cruzar las fronteras hacia Sudán en los próximos días. Naciones Unidas cifra en cientos de miles los niños y niñas que necesitan ayuda humanitaria en esta región etíope por la falta de luz, combustible, comida, agua y el corte de las comunicaciones terrestres.

Los misioneros salesianos llegaron a Etiopía en 1975 y se establecieron en primer lugar en la capital de Tigray, Makelle. Hoy existen cuatro misiones en la región, donde 25 misioneros salesianos atienden a más de 5.000 niños, niñas y jóvenes y también a miles de familias a las que ayudan y acompañan. Dos misioneros salesianos españoles trabajan desde hace décadas en Etiopía: Alfredo Roca, de 87 años, que está en Adigrat, una de las zonas incomunicadas; y Gabriel Larreta, de 94 años y que se encuentra en la capital, Addis Abeba.

“No tenemos ninguna comunicación con nuestras cuatro comunidades del norte: Adigrat, Adwa, Mekelle y Shire. No conocemos su situación y estamos muy preocupados por nuestros hermanos. Pero también por los estudiantes, profesores, trabajadores y todos los niños, jóvenes y familias que atendemos”, señala el salesiano que está al frente de la OPD.